jueves, 1 de noviembre de 2012
Hay días...
Hay días, cuando todo el tiempo es mío y para mí, sin horarios, sin obligaciones, sin teléfonos, ni gente de más, solo dedicarme a dejarme fluir por mi propio ritmo, por mi propia apetencia, que me reconcilian con el mundo. Poder despreocuparme, poner la música a tope, descubrir lecturas de esas que empapan, hacer balance de haberes y debes y darme cuenta que de repente se ha instalado una sonrisa y que si me lo propusiera podría hasta levitar. Que por puta que se ponga la vida a veces, siempre tiene un regalo escondido para quién quiera encontrarlo, poder redescubrir mi capacidad de sorprenderme con instantes con que poder alimentarse en los momentos grises y poder seguir el ascenso ligera, disfrutando de las vistas, de las compañías deseadas, de los sueños compartidos o no y sabiendo que en la cima me espera el premio conseguido más que merecidamente.
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