Y el tiempo que se va, imperceptible me arrastra, me lleva y
me trae, desaparece, para reaparecer días después queriendo acaparar un protagonismo
que no le pienso dar, vivo, independientemente de una máquina con manecillas
que nunca he usado, porque ahora si, ahora vivo no solo mato el tiempo, ahora
disfruto de los momentos con o sin horario, ahora la vida y el tiempo no me pasan,
me zambullo en ellos de cabeza, ¿y en mi cabeza? En esa hay instantes que sigo
atascada en ese infame bar de la esquina, con su música de jazz y sus cervezas
para todos ¿para todos? Da igual, ya es hora de cerrar y a mi me espera una
realidad donde sacar la mano por la ventana y ver la luna y mojarme y ya nos
desencontraremos otro día subiendo un peldaño cualquiera de unas escaleras
paralelas o diagonales o… ¿Y que más da?