martes, 23 de julio de 2013

El agobio me ha invadido



El agobio me ha invadido, ¿quién me desagobiará? El desagobiador que me desagobie buen desagobiador será, o lo mismo el  impadecible calor que no hay humano que lo soporte, o lo mismo es un vicio recurrente lo de caer en picado de vez en cuando para darme cuenta de lo imbécil puedo llegar a ponerme, ahora un café, un cigarro y a sentarme a esperar que se me pase sin causar demasiados estragos entre la gente que me padece que ya voy dejando demasiados damnificados y no quiero permitirme ni uno más. 

sábado, 20 de julio de 2013

Noche en vela



A veces, tengo la impresión de que alguien a hurtadillas hurga en mi tiempo, y va arañando y quitando minutos de tal forma que para cuando paro y quiero darme cuenta han volado los días sin haber sentido vivirlos, la sensación aumenta con el calor acuciante, nunca me acostumbré a este jodido clima y para lo que me queda ya, mejor no acostumbrarme. Y en las noches de insomnio y vuelta y vuelta por la indecente temperatura, la humedad, el ruido en la calle por intempestiva que sea la hora, intento imaginarme ya en mis bárbaras tierras del norte. Que por mucho que haya aprendido a ser paciente, a saber contar casi hasta diez, no siempre es fácil, más en alguien acostumbrada a quererlo todo para ayer, y así me muerdo las uñas de impaciencia por verme ya fuera de aquí, porque los veranos vuelvan a recuperar su auténtico sentido, con un clima padecible, con su chubasquero de vez en cuando, con el poder respirar, con sus noches con manta, con su olor característico, porque si, en una ciudad grande solo huele a contaminación y mierda, pero en otros lados el verano huele a eso, a verano, con sus cenas con esos amigos que allí tengo más cerca, que si, que aquí también los tengo pero quedar es una aventura en estas fechas y va a ser casi tan fácil verlos allí en esa casa que más que casa parecerá un hostal, pero ilusionada por poder compartirla con esa gente que siempre ha estado, con sus llantos y sus risas, con sus conversaciones surrealistas e imposibles… porque si algo he constatado a estas alturas de la película es que lo que menos importa es el dinero para ser feliz, que después de vivir en tantos sitios, lo que realmente más echas de menos y necesitas es un clima, la lluvia, los olores y sonidos y sobre todo la gente que merece la pena, la que no necesita que aparente ni aparentar nada,  con la que poder reírme con ganas por tonterías o con la que ejercer de hombro donde llorar o viceversa, compartir al fin y al cabo y sentirte a gusto y disfrutar, todo lo demás es accesorio. Y así continúa la noche en vela, mientras pienso que esa casa pequeña con la cafetera muy grande ya está ahí casi a mi alcance para el resto de veranos que me quedan por pasar.

domingo, 14 de julio de 2013

Historias y más historias



Tras recargar pilas en esa especie de retirada del mundanal ruido, lejos de mis agobios, del estrés y sin saber nada de nada ni de nadie, tocaba puesta al día con todo el mundo, con la tranquilidad que dá el no tener horarios, ni demasiadas obligaciones y llegar con la cabeza en su sitio. Y así continuó guardando en la motxila una surtida colección de historias totalmente dispares que me toca conocer, es lo que tiene tener colegas repartidos por cualquier lado, de cualquier género, condición, ideología y forma de entender y enfrentar la vida. Llega un momento que no te extraña verte cambiando de registro tan bruscamente, intentando empatizar con todo el mundo, sin juzgar, pero diciendo lo que realmente pienso, mal que joda, creo que es por eso que acabo siendo la depositaria de tantos pedacitos de vidas ajenas. Y tan pronto recupero amistades de hace más de 20 años, que se dice pronto, como familiares que hace siglos no sabía nada de ellos y que me llevan a esa pasado del que empiezo a recuperar totalmente la memoria, que retomo el hilo con los que siempre han estado y no por eso no tienen un libro para escribir, como que me veo con gente que apenas acabo de conocer y poco o nada saben de mi. Todos ellos han vivido una faceta totalmente diferente de esta vida al borde del abismo que he llevado siempre,  pero de todos atesoro aprendizaje y todos me hacen crecer un poquito más. Y aún con todo nunca deja de sorprenderme, que pese a ser la jodida reina del borderío y del pasar de todo, las casualidades, o lo que sea, acaban poniendo en mi camino gente que según la echo el primer vistazo ya sé que van a formar parte de la lista de conocidos o colegas con los que andar aunque solo sea un tramo del camino.


Luego están los que me encuentro por 5 minutos, que esta vez ha sido curioso, desde un holandés loco (palabrita, holandés y loco) con un barco quemado, que dedicaba sus noches a gritar improperios al aire, nublado por los vapores del alcohol, con una curiosa historia detrás que solo conseguí saber ligeramente, sin profundizar, a una antigua jugadora de baloncesto profesional con la que coincidí en un corto viaje en autobús, a un comerciante de un pintoresco pueblo mediterráneo que vendía recuerdos de Dalí que acabo queriéndome convencer de que dejara de fumar contándome como fue su experiencia y no había forma de poderse marchar, a….. podría mencionar tantas casualidades detrás de cada historia que se me ha ido cruzando, como la de un familiar que quiere cambiar mi brújula norteña para que mire al oeste, a algún pueblito perdido del desierto frontera con Portugal, a la banda sonora en forma de jazz que me acompaña últimamente, a…. que si, que debería estar ya más que acostumbrada (y lo estoy) a las casualidades pero hay temporadas que son tantas y tan seguidas que no deja de encendérseme una lucecita para ver si estoy pasando algo por alto, pero esta vez no quiero luz de gas, mi norte es mi norte, el que siempre ha estado ahí esperándome,  y como bien me dice Alguien, “que nada ni nadie te desvíe del objetivo”. Curioso que ese Alguien al que tanto le atrae los faros, se esté convirtiendo en uno de ellos, marcándome siempre el camino en la niebla, indicándome para no perderme en el camino de vuelta a casa y ayudándome a que sea más fácil la travesía que aún queda, y las historias? Pues eso, cuentos para dormir o no, pero cuentos al fin y al cabo.

viernes, 12 de julio de 2013

A través del espejo



Últimamente tengo la sensación de andar viviendo dos realidades distintas, como si continuamente estuviera siendo empujada de un lado a otro del espejo sin tener control, ni sospechar cuando voy a estar a uno u otro lado. Soy consciente de que aún queda el último trecho para salir del túnel en el que estaba y que no va a ser demasiado fácil, pero al menos el camino ya está hecho. Pero pese a ser consciente, hay temporadas que me veo viviendo una especie de avance de lo que me espera cuando vuelva a casa y mire al norte, así me veo en largos paseos por la orilla de la playa o bordeando acantilados, subiendo teleféricos imposibles junto con mi vértigo que se ha puesto de acuerdo para no dar mucha lata,  conociendo sitios y absorbiendo paisajes, paseíllos en barco, apartada del mundo, ruidos y tecnologías varias, y rodeada de tranquilidad, tropezándome con personas, que pese a mi tendencia a lo antisocial, me empiezan a contar su vida así de repente y así me veo conociendo historias y vidas de gente que no volveré a ver, o compartiendo otra con gente que siempre veo y me gusta compartir, conciertos nocturnos de jazz en el parque, curiosamente ese mismo jazz que luego aparece en cualquier esquina de las que recorro, en forma de música ambiental, de saxofonista en un barco o en cualquier lado como para poner la banda sonora de esos días de dedicarme solo a homenajear a los 5 sentidos, sin obligaciones, sin prisas, sin pensar, y todo ello de la mano de alguien que dedica su tiempo a que pueda ser todo lo que no me han dejado ser y sentir hasta ahora.

Pero cuando estoy ya inmersa en esa vida y aprendiendo a ser feliz, me veo empujada bruscamente al otro lado del espejo y vuelvo a mis peleas con incompetentes varios, a sacar a la fiera y afilar las uñas, papeleos, horarios, obligaciones, prisas, cemento y ruido, el jodido estrés y la lucha sin tregua por cada centímetro que quiero conquistar para salir de aquí, viviendo una particular conjura de los necios continua y con ese alguien que me allana el camino en la distancia. Si, vale, al menos ahora a tiempo parcial puedo vivir y no solamente subsistir, pero marea ese ir y venir continuo de uno al otro lado, calzarse esas dos vidas tan opuestas continuamente y aún así intentar mantener el equilibrio y tener la paciencia que nunca he tenido, para pensar que en breve podré romper en mil añicos el jodido espejo y quedarme del lado de la estrella polar, los colegas, la tranquilidad y los (………………..)