Tras abrir el correo y poder tomarme el café a ritmo de “A irmandade das estrelas” gracias a quién no deja de sorprenderme y hace diluir el cansancio que me producen últimamente tantos “debo y tengo que hacer” y consigue que los “quiero hacer” tomen el mando de mi tiempo. Y claro está que iba sobre seguro, porque si es evidente lo que me hace levitar la música celta, si ya lo acompañamos de una trikitixa, el sentimiento consigue desbordarme.
Porque que verdad es que la música amansa a las fieras, porque en mi caso es escuchar la trikitixa o la txalaparta, y se me borran de golpe todas las tensiones acumuladas y las ganas de merendarme a alguien y solo me queda cerrar los ojos y dejarme llevar. Supongo que hay sonidos que tenemos anclados en el incosciente asociados a momentos y lugares donde has sido plenamente feliz, y que al escucharlos, sin entender por qué, consigues arañar de ellos ese sentimiento que te eleva. Y ha sido inevitable acordarme de una película de hace tiempo, Nomadak tx, donde dos txalapartaris, que son fijos en los conciertos de Kepa Junkera por cierto, se juntan con pueblos nómadas de Laponia, Mongolia, el Sahara y la India y fusionan la txalaparta con los sonidos de esos pueblos, impresionante, y curioso ver construir una txalaparta de hielo.
Dejo un pequeño trailer, ya que el que tenían antes en su web oficial ya no funciona:
No hay comentarios:
Publicar un comentario