domingo, 4 de noviembre de 2012

De personas y recuerdos

Es curioso como el tiempo se encarga de relativizar o aumentar a las personas y sus recuerdos de ellas. Capullos integrales que en su momento tiraban a matar y casi lo conseguían reaparecen de tanto en tanto para poder darte cuenta de que el tiempo les cambia a peor pero donde antes provocaban ansiedad ahora solo producen risa, son una sombra patética que retrocede al primer bufido y vuelven empequeñecidos a su mundo de sombras. Gente vacía que has apartado de tu vida porque llenaban un espacio que no merecían, estos reaparecen muy de tarde en tarde aunque sea en boca de otros y te reafirmas en lo bien que hiciste apartándolos de un manotazo y comprobar que ya no provocan nada en ti, ni siquiera pena. Colegas de antes y de ahora que el tiempo va dándoles más espacio,(desechando los simple conocidos a los que la palabra amigo les calzará siempre demasiado grande aunque por un ratito te hayan logrado confundir), y que pese al tiempo, distancia e intervalos de tiempo en blanco, aparecen siempre en el momento justo y te siguen demostrando lo que valen, varios mundos y te ayudan a acariciar la felicidad con la punta de los dedos. Luego están los que fueron importantes en su momento y sabes que no vas a saber más de ellos pero quedan grabados en la memoria de lo que te hicieron vivir, reaparecen de repente sin previo aviso en tus recuerdos pero siempre es un placer recibirlos pese a que te duela un poquito no poder volver a saber de ellos, aunque solo fuera para saber que sientan igual de bien. Y por último están los especiales, de estos apenas hay o solo hay uno, que siempre están sin estar, que entiendes que no pueden estar y respetas su vuelo, que un día cualquiera te los tropiezas sin cita precisa para volver instantáneamente a diluirse en su realidad, aunque te dejen sin entender porque cierra todas las ventanas antes de salir y no deje ni siquiera el poder asomarme de puntillas, lo mismo es que en su recuento me he relativizado tanto que me he convertido en ceniza, en un recuerdo desechable o en una molestia de la que salir huyendo o lo mismo yo no quiero aprender a desterrar lo que he vivido intensamente, a separar la realidad de los sueños, y porque pese a todo y todos, yo creo, si creo... Supongo que el tiempo también se ha encargado de demostrarme que no hay que dar vueltas en círculo cerrado ni volver sobre las mismas cosas, ni intentar encontrar razones simplemente aceptarlas como vienen, lo mismo lo mejor es no poder asomarme y así no descubrir aquello de “perdone, es que he cambiado tanto que no le reconozco” o viceversa…y dedicarme a mirar para adelante, a los que están y a los que aún me esperan, a lo nuevo por inventar… “Sólo viviendo absurdamente se podría romper alguna vez este absurdo infinito”,

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