domingo, 18 de noviembre de 2012
Ya queda poco
Uno de los millones de cosas que echo en falta en esta tierra extraña es la lluvia. Cuando digo esto hay gente que me mira como si ya hubiera perdido la razón del todo, pero cuando has crecido envuelta en lluvia y saltas a un lugar con un clima impadecible, con contaminación ambiental, acústica, lumínica, de cualquier tipo, se hace aún más acuciante esa necesidad de agua que lo limpie todo, aunque sea por un breve espacio. Así que en cuanto empieza a llover, salgo corriendo a la calle, a pasear, a mojarme, a sentir la lluvia en la cara…si, me sobran unas cuantas toneladas de cemento, coches, personas con paraguas y peor aún lo que me falta, el olor a tierra y hierba mojada, que evidentemente, aquí es imposible nada que se le parezca. Pero a base de practicar, inconscientemente al sentir la lluvia me veo paseando junto a la ría con las montañas de fondo y la cosa cambia bastante y se me pinta una sonrisa de felicidad. Y cuando llega la madrugada, el meterme en la cama y dejarme arropar por la lluvia y arrullar por su sonido contra el suelo, chocando contra la ventana, me devuelve a esa infancia donde me sentía protegida y despreocupada y me duermo tranquila, pensando ya queda poco, ya queda poco, ya queda poco..
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