miércoles, 7 de noviembre de 2012
Llego tarde, llego tarde...
Últimamente mis semanas me convierten en una agenda con patas de citas de lo más precisas con horario establecido, colas inmensas, algunos bordes a los que regalar mi impertinencia natural y deshogar en ellos todas las prisas que me producen, papeles y más papeles que se reproducen solos y amenazan con invadir mi espacio…hay ratos que me veo cual conejo de Alicia, corriendo a todas partes, “Llego tarde, llego tarde…” claro que sin reloj evidentemente, a ese hace tiempo le desterré de mis pertenencias por pesar e incordiar demasiado. Si, sé que son trámites a seguir para ir dando pasos que me acerquen a mi destino y largarme y que le den por saco a esta ciudad y lo que representa, así que, será por eso que pese al agobio, a la indigestión de cemento, de ruidos indeseables, de coches, gente, vamos un exceso acumulado de todo lo que no me gusta, cuando al fin paro, me siento satisfecha de ir avanzando y me concedo una tregua. Abro el correo y me encuentro con arco iris en el cabo de peñas, que casi puedo tocar con la punta de los dedos, tropiezo con un par de libros que se van derechos a la lista para conseguir, (Los desorientados de Amin Maalouf, y La vida, instrucciones de uso de Georges Perec), lo aderezo con un par de casualidades por ahí despistadas, pongo el material defectuoso a todo gas, enciendo un cigarro y pienso que si, que al final voy a conseguir ser una boba feliz pese a todo y todos….“Perdemos la memoria de las palabras, pero no la memoria de las emociones " (Amin Maalouf)
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