sábado, 23 de febrero de 2013

Un día tan normal como otro cualquiera



Me fastidian (con jota) los días tan normales como otros cualquiera, más bien el acordarme de ellos y todo lo que conllevan, cuando mi memoria me ha estado jugando tan malas pasadas que había borrado  hasta las cosas más  imprescindibles de recordar, aunque por suerte gracias a volver a tener contacto con la gente que ha acompañado mi vida que súbita y casualmente van apareciendo de nuevo en el camino,  voy recuperando poco a poco el hilo conductor de lo que he vivido y de mis mejores momentos antes de llegar al encefalograma plano. Imagino que sean las casualidades que continuamente y aunque quiera evitarlas y esconderlas hacen que vuelva la vista, pero me parece algo tan obsesivo, morboso e incluso ridículo que no lo entiendo y mira que me considero alguien racional, si, vale, que tengo mis momentos de locura y mis impulsos incontrolados, pero esos se me pasan en 5 minutos y después soy capaz de rebobinar, masticar y recuperar el sentido. Y no es normal que ahora que si puedo sacar la mano por la ventana y sentir la lluvia y que mis días están plagados de gente real que si que están y me cuidan y me consienten y me valoran y…. no consiga arrancar de mi cabeza el acordarme de un día como hoy.

A ratos pienso que con la distancia que da el tiempo, la perspectiva y las experiencias vitales que me han tocado pelear, estaría bien recuperar la relación de colegas de una forma racional y pausada, poder ponernos al día como hacen los buenos amigos ( o los primos, por muy primos que hayan sido)cuando se reencuentran y darnos cuenta que fue el momento y las circunstancias las que me hicieron desvariar y que realmente solo queda el poso tranquilo de todo aquello , pero visto el panorama de cómo encierro las cosas bajo 8 candados y se descontrolan solas, mucho mejor quedarse con la duda y seguir en el intento de alejarse lo más rapidito posible y seguramente si lo pensara bien, agradecería todas las ventanas cerradas para evitar la tentación del fisgoneo y de remover una vez y otra un lodo que ya debería de haber secado.

Y evidentemente no va a haber NO regalo, me niego a dedicar más espacio a quién debería haber quedado en un pasado de bonito recuerdo y no en un presente donde no pinta nada, además siempre fue en ese blanco y negro que nunca supe apreciar en la misma medida porque yo quiero todos los colores, todos los matices, así que los no regalos se los dedico a quienes los merecen de largo, a quienes me hacen recordar, emocionarme, recuperar quién era, vamos, lo de siempre y no dedicar un espacio a un tiempo que ya paso sino dejar sitio al que está llegando. Que seguramente quiero que tome sentido literal el nombre de cierta isla donde paseaban y tenían sentido los días como hoy, que seguramente quiero sentir el vértigo de las líneas divergentes y apartarme y apartarme y que desaparezcan que ya está bien de tantas paralelas, que ahora sería tiempo de otras islas más reales y más acordes con las situaciones que quiero vivir y sentir.

 Así que espero que con el tiempo y a poco tardar, los días tan normales como hoy sean eso, días tan normales como otro cualquiera, con sentido literal.

domingo, 17 de febrero de 2013

La isla del café nocturno



He entrado en una temporada de esas completitas de todo, donde la dinámica de mis días sobrepasa a mi capacidad de asimilar tal cantidad de sucesos, obligaciones, conversaciones, vamos que son excesivas del todo y pese a que una es de donde es, le acaban pasando factura, aunque a cambio de ese desgaste físico y emocional vaya abriéndose el camino y adelantando pasos hacía la meta propuesta.

Es curioso como estos días van sucediéndose los reencuentros con el pasado de bonito recuerdo, cuando aún no había salido del norte y que tenía muy en el fondo del baúl, gente que formó parte de esa pasado que aparece de súbito después de tantos años, batallitas, fotos imposibles, que se entremezclan con gente nueva que trae consigo casualidades o historias demasiado parecidas a otras que he vivido y que avivan el recuerdo o que hacen que recupere mi inmadurez y mi tonta costumbre de entrar al trapo, a veces aún antes de que me lo pongan y acabo en un rifi-rafe dialéctico donde los dedos no alcanzan a ir tan deprisa como va la cabeza para defender con vehemencia mi postura ya que he estado de lo más desentrenada.

Y en medio de esa vorágine de cosas, la isla del café nocturno, donde desconectar de todo por un rato, se ha convertido en el descanso del guerrero o el lugar donde poner en orden toda esa amalgama caótica en que se han convertido mis días. El refugio donde descargar paranoias y sacar a pasear a la sageinam, donde se esconde el vendedor de sueños para dar forma a los sueños por cumplir y donde me consienten, creen más en mi y mis posibilidades que yo misma y me dan alas para poder llevar con más ligereza la carga hasta esa cima que casi puedo ver ya desde donde estoy.

sábado, 9 de febrero de 2013

Saturada



Lo asumo, me pierde mi intenso palique y me apasiona una buena conversación, más si es con gente a la que aprecio y me aporta cosas, me llena, me hace reír, me reconforta, etc, Pero llevo 3 días que mi vida se ha convertido en una locura total de conversaciones, mañana, tarde y noche, solapando unas con otras, por cualquier medio, cara a cara, teléfono, móvil, mensajes, correos, y demás tecnologías, y creí que nunca iba a decir esto pero estoy saturada, necesito al menos un día o dos de desconexión total con el mundo (ojito al mirón consentido, que los cafés nocturnos no cuentan!!). Hoy mismo me he visto preguntando inconscientemente a un amigo muy parco en palabras (que me saca de quicio precisamente por eso, aunque luego los gestos que tiene conmigo hacen que se me pase), que como lo hace para poder ignorar a la gente sin que le afecte, porque hoy, solo por un momento me hubiera gustado saber hacerlo. Pregunta estúpida donde las haya, porque yo no se vivir sin el contacto de la gente que realmente quiero, que ignorar también se, pero a la que me importa una mierda.

Para ser alguien a quién le sobra el protocolo, las obligaciones, las “buenas” maneras y las convenciones sociales, o sea, que igual me paso dos meses sin hablar con alguien y luego de repente me apetece y hablo 3 días seguidos, bueno, ya se sabe eso de las citas precisas que no va conmigo…parece como si hubiera habido una conjunción extraña estos últimos días y se han puesto todos de acuerdo. Y claro, otras personas el teléfono lo usan a la antigua “para dar recados”, pero yo que no nací para ser comedida en nada, no consigo bajar de la hora y media mínimo, el record lo tengo en más de tres seguidas y con la misma persona (si, volvemos a mi intenso palique, bueno y al de algunos otros claro). Así que cuando alguien llama y me dice, “solo una cosa rápida que se que estás liada…” yo ya me voy preparando un café porque se la que viene, la cosa rápida son dos horas o hasta que la batería del teléfono desiste por agotamiento.

Y curiosamente, estos días de exceso de gente pese a ser gente cercana con la que me apetece hablar, en ciertas conversaciones no han dejado de aparecer demasiadas casualidades e inevitablemente, he echado demasiado en falta a la gente con la que practicaba buena prosa y compartíamos tanto y ya no está. Y mira que después de algunas ausencias que duelen, una se va acostumbrando a cerrar puertas pese a resistirse, precisamente por eso, para no estar hurgando continuamente en la herida y cicatrice cuanto antes y dejar ese espacio para la gente que si que está y si quiere estar. Y soy tan ilusa que creo conseguirlo, pero cuando pienso que ya me he hecho mayor y he superado el reto, llegan varias conversaciones que te golpean fuerte porque te vuelve a traer a esas personas con más intensidad y empieza de nuevo a crecer y pesar ese vacío que te dejaron. Y me fastidia (con jota, que me estoy quitando de palabrostios), que siendo alguien que se siente más que afortunada por la gente que le rodea, le arropa, le consiente, tener que ocupar espacio con personas que han decidido por imperativo legal o sin él, no querer saber nada de mi. Me gustaría saber como hacen ellos para diluirse y olvidarse con esa facilidad, será que se han contagiado ya en esto de la cultura del desecho, algo que yo nunca he conseguido controlar, no con la gente que realmente me importa de verdad y que quiero creer que yo les importaba, aunque no fuera en la misma medida. Pero bueno, la vida no se para por eso, y yo ahora prefiero pensar en futuro y hacer mil planes nuevos, que no vivir anclada en un pasado pese a que me enriqueció y mucho,  por muy presente que me gustaría que fuera.

sábado, 2 de febrero de 2013

Grado superior



Tras una temporada en plan asceta, sin querer saber mucho del mundo e intentando digerir esas incongruencias y surrealismos que suelen acompañarme, he pasado a todo lo contrario, a intentar poner freno a esa incontinencia verbal que me desborda, ya que llevo unos días que mi teléfono echa humo de las horas que mete, mensajes, correos…Y en ese ir y venir de gente, se cruzan personas de mi presente y mi pasado, me encuentro con gente que llenó mi adolescencia y desencuentros con personas que llenaron mi… mi… (iba a decir madurez, pero claro para alguien que se niega a crecer suena muy feo).

Y empiezo a intuir la salida del laberinto, y tras mucho, muchísimo tiempo, hago planes a medio plazo, y tengo la suerte de tener un consentidor capaz de seguirme en mis peores desarreglos mentales y verlos como lo más normal del mundo, es más, va añadiendo otros nuevos, y así me veo planeando viajes a mi norte, a asignaturas pendientes entre la niebla, a lugares con tranvías, a bosques perdidos, yendo a parques a hacer el ridículo con la mayor de las ilusiones, competiciones de canto sin saber ni lo que significa afinar y sin capacidad pulmonar para no ahogarme (bendita nicotina),  e incluso me planteo aprender a bailar (solo me planteo, que se que es imposible que llegue a conseguirlo, es lo que tiene tener todo izquierdo, hasta dos pies!!!).

Claro, tanto tiempo viviendo en el día de la marmota, con encefalograma plano es lo que trae, que de repente e imprevisiblemente se abre la caja de los sueños por cumplir y desborda la de cosas que me quedan por realizar y que ya les va tocando, y tanto sueño trae una regresión en el tiempo y ahí me veo por casa con mis grupos imposibles atronando en la oreja ensordeciéndome y levitando, mandando mensajes y más mensajes por el móvil cual preadolescente en competición, riéndome sin venir a cuento y decidida a vivir de golpe todo lo que me ha faltado estos años de estar sobreviviendo perdida buscando la salida.

Si, podemos resumirlo en que ya casi, casi, alcanzo el grado superior de ser una boba feliz, y lo que me queda.