Ayer mientras disfrutaba de una noche de verano recurrente,
o sea, parque y columpiarme a ritmo de puesta al día con una colega, pese al
mareo que acaba produciéndome, caí en la cuenta, que llevo una temporada agobiándome
y agobiando con las personas que han dejado un espacio vacío en facetas de mi
vida, personas que han sido importantes, que han aportado y mucho, quizá más de
lo que pudieran imaginarse pero entendiblemente en unos casos
e incomprensiblemente en otros han decidido voluntariamente desaparecer. Y por
centrarme en esas ausencias, y recrearme en lo que significaron y en lo que fue
y no es, lo mismo he estado pasando por alto o no he prestado suficiente atención
a los que si están presentes y a esos momentos irrepetibles que me proporcionan.
Supongo que no consigo acostumbrarme a que la vida consiste
en eso, en gente que vas encontrando y desencontrando en el camino, que a unos
les apartas tú, otros te apartan y otros simplemente han cumplido una función
en el momento que más los necesitabas para reafirmarte o reconducirte cuando te
pierdes y tienen que dejar sitio, y que en vez de echarlos en falta tendría que
estar feliz por habérmelos cruzado el tiempo que haya sido y no soy yo la única
en darme cuenta de la suerte que he tenido y tengo por la gente tan especial
que he ido coleccionando. Porque a pesar de autodefinirme como antisocial,
borde y demás lindezas con las que me adorno, al final, como me dice Alguien,
acabo hablando hasta con las piedras que me cruzo y allí donde voy acabo
haciendo amigos (si, enemigos también, una que nació para ser de extremos duros
o no) y como decía otro alguien, yo siempre he tenido mi público, y la verdad
es que siempre estoy rodeada de un puñadito de amigos (AMIGOS literal no sucedáneos)
de esos que se preocupan por una y de quién preocuparse y con quien reírse de
todo y todos, de esos que no necesitan explicaciones, ni citas precisas, ni
fórmulas de cortesía, te dicen las verdades a la cara mal que duelan pero por tu bien, de esos que te pinta una sonrisa con solo saber que están
aunque no los tengas delante.
Con lo cual si hago balance de la gente que ha pasado y pasa
por mi vida, me doy cuenta que siempre he tenido gente de lo más interesante,
indefinible y muy especial acompañándome aunque solo sea un trayecto o dos, que
me han hecho crecer como persona, aprender, soñar, creer en mi misma, reírme… y aunque
de vez en cuando se vaya perdiendo alguno siempre encuentro a otro para el
siguiente paso, y hay gente que va y viene, desaparece y aparece rompiéndome
todos los esquemas, como siempre este surrealismo que es mi vida, a veces hasta
para bien. Con lo cual, lo mismo alguna de esa gente a la que ahora pongo falta
al pasar lista, vuelve a aparecer por cualquier motivo a la vuelta de cualquier
esquina, así que mejor no malgastar el tiempo en “llorar” ausencias, sino dedicar
tiempo a las presencias que son las que en este momento me aportan y me llenan,
y dejemos al camino que me siga sorprendiendo con su gente por conocer, con sus direcciones prohibidas,
con sus surrealismos, con sus momentos mágicos y con sus casualidades, que
hacen que el resto sea mucho más llevadero y el pasado, pasado, disfrutado y atesorado está, y como diría mi abuela, ellos se lo pierden!!!!
