sábado, 17 de noviembre de 2012

Contagiada y contagiando



Hay días que la realidad me supera, leo noticias (¿noticias o manipulación?), escucho declaraciones (¿o despropósitos tipo hermanos marx pero sin gracia?) oigo conversaciones callejeras (¿o diálogos surrealistas de película de cuarta?) y dudo por momentos si realmente seré yo la que anda falta de entendimiento y me pierdo algo para acabar de ver la luz, o que últimamente los descerebrados son legión y me invaden por todos los lados. Y mira que el tiempo y las vivencias me han vuelto una descreída total y me ha regalado un escepticismo digno de estudio y aún así hay días que me encantaría ponerme a gritar y no parar, e intentar que alguien me hiciera entender algo de esa jodida realidad que no es que nadie tenga que contarme, o inventarse cifras, sino que vivo en primera persona. Pero el otro día descubrí que no estaba todo perdido irremediablemente, que me encontré sin buscarlo en medio de un piquete informativo de más de 300 personas, de todo tipo y edad, y por un breve espacio de tiempo volví a sentirme relativamente optimista y volví a ese tiempo lejano donde aún conservaba casi intactos mis ideales, descargue mi rabia en conjunto con la de toda aquella gente, y conseguí contagiar a un personaje preadolescente de ese sentimiento por un ratito, personaje que como muchos otros de su edad están desmotivados viendo su futuro, viendo que su entorno se desahoga delante de una consola y no en la calle indignados por lo que les están quitando, desmotivados porque ya no se les enseña a ser críticos y pensar por si mismos y la tele en el mejor de los casos es su fuente de información, sin contrastar, sin confrontar, algunos ni eso…y verme allí en medio, contagiada y contagiando de ese espíritu de no quedarse de brazos cruzados, de luchar por lo que nos quieren arrebatar, me hizo sentir que no todo estaba perdido, que en algún recóndito rincón sigue estando la rebelde inconformista a la que me encantó reconocer y para cuando ella no aparezca tiene a quién ha pasado el testigo para que se la haga recordar. Así que ahora si que me toca seguir luchando con todas mis fuerzas, las que tengo y las que me mandan, porque no soy yo sola, es que tengo quién toma ejemplo no solo de mis palabras, sino de mis actitudes....
“En ciertos oasis, el desierto es sólo un espejismo”

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