Tras semanas caóticas, llenas de obligaciones, horarios,
carreras, imprevistos, la serie de coincidencias que me acompañan (que me dice
un buen colega), falta de sueño y
sueños, pese a que esta semana no me han faltado fotos y fotos de mares salvajes
y playas solitarias para poner el broche a tanta locura, llegar al viernes se convierte en toda una carrera de fondo. Así que cuando por fin llega el fin de semana
lo saboreo especialmente, al fin el tiempo (no me gusta esta palabra, cada día
menos), es para mi, para gestionarlo en todo lo que voy apartando cada día por
no dar para más. Y descubro libros, escritos, me pierdo en un laberinto de
palabras, (resilente, procrastinación), aunque luego siga utilizando la mayoría
de las veces mi lenguaje más de calle, y me empapo de lugares, fotos y frases tan contundentes y
evidentes como "Para ser feliz, basta con dejar de ser no feliz", e
intento reírme de todo, de mi misma, de la situación y me pongo al día con los
colegas y conmigo misma y sueño despierta, y puedo ser yo, y como siempre me la sopla lo que piense nadie de mí y me
evado de la rutina (ni dulce, ni leches) y de esta inhabitable ciudad, escapándome
por la venta abierta en busca de….

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