martes, 23 de julio de 2013

El agobio me ha invadido



El agobio me ha invadido, ¿quién me desagobiará? El desagobiador que me desagobie buen desagobiador será, o lo mismo el  impadecible calor que no hay humano que lo soporte, o lo mismo es un vicio recurrente lo de caer en picado de vez en cuando para darme cuenta de lo imbécil puedo llegar a ponerme, ahora un café, un cigarro y a sentarme a esperar que se me pase sin causar demasiados estragos entre la gente que me padece que ya voy dejando demasiados damnificados y no quiero permitirme ni uno más. 

sábado, 20 de julio de 2013

Noche en vela



A veces, tengo la impresión de que alguien a hurtadillas hurga en mi tiempo, y va arañando y quitando minutos de tal forma que para cuando paro y quiero darme cuenta han volado los días sin haber sentido vivirlos, la sensación aumenta con el calor acuciante, nunca me acostumbré a este jodido clima y para lo que me queda ya, mejor no acostumbrarme. Y en las noches de insomnio y vuelta y vuelta por la indecente temperatura, la humedad, el ruido en la calle por intempestiva que sea la hora, intento imaginarme ya en mis bárbaras tierras del norte. Que por mucho que haya aprendido a ser paciente, a saber contar casi hasta diez, no siempre es fácil, más en alguien acostumbrada a quererlo todo para ayer, y así me muerdo las uñas de impaciencia por verme ya fuera de aquí, porque los veranos vuelvan a recuperar su auténtico sentido, con un clima padecible, con su chubasquero de vez en cuando, con el poder respirar, con sus noches con manta, con su olor característico, porque si, en una ciudad grande solo huele a contaminación y mierda, pero en otros lados el verano huele a eso, a verano, con sus cenas con esos amigos que allí tengo más cerca, que si, que aquí también los tengo pero quedar es una aventura en estas fechas y va a ser casi tan fácil verlos allí en esa casa que más que casa parecerá un hostal, pero ilusionada por poder compartirla con esa gente que siempre ha estado, con sus llantos y sus risas, con sus conversaciones surrealistas e imposibles… porque si algo he constatado a estas alturas de la película es que lo que menos importa es el dinero para ser feliz, que después de vivir en tantos sitios, lo que realmente más echas de menos y necesitas es un clima, la lluvia, los olores y sonidos y sobre todo la gente que merece la pena, la que no necesita que aparente ni aparentar nada,  con la que poder reírme con ganas por tonterías o con la que ejercer de hombro donde llorar o viceversa, compartir al fin y al cabo y sentirte a gusto y disfrutar, todo lo demás es accesorio. Y así continúa la noche en vela, mientras pienso que esa casa pequeña con la cafetera muy grande ya está ahí casi a mi alcance para el resto de veranos que me quedan por pasar.

domingo, 14 de julio de 2013

Historias y más historias



Tras recargar pilas en esa especie de retirada del mundanal ruido, lejos de mis agobios, del estrés y sin saber nada de nada ni de nadie, tocaba puesta al día con todo el mundo, con la tranquilidad que dá el no tener horarios, ni demasiadas obligaciones y llegar con la cabeza en su sitio. Y así continuó guardando en la motxila una surtida colección de historias totalmente dispares que me toca conocer, es lo que tiene tener colegas repartidos por cualquier lado, de cualquier género, condición, ideología y forma de entender y enfrentar la vida. Llega un momento que no te extraña verte cambiando de registro tan bruscamente, intentando empatizar con todo el mundo, sin juzgar, pero diciendo lo que realmente pienso, mal que joda, creo que es por eso que acabo siendo la depositaria de tantos pedacitos de vidas ajenas. Y tan pronto recupero amistades de hace más de 20 años, que se dice pronto, como familiares que hace siglos no sabía nada de ellos y que me llevan a esa pasado del que empiezo a recuperar totalmente la memoria, que retomo el hilo con los que siempre han estado y no por eso no tienen un libro para escribir, como que me veo con gente que apenas acabo de conocer y poco o nada saben de mi. Todos ellos han vivido una faceta totalmente diferente de esta vida al borde del abismo que he llevado siempre,  pero de todos atesoro aprendizaje y todos me hacen crecer un poquito más. Y aún con todo nunca deja de sorprenderme, que pese a ser la jodida reina del borderío y del pasar de todo, las casualidades, o lo que sea, acaban poniendo en mi camino gente que según la echo el primer vistazo ya sé que van a formar parte de la lista de conocidos o colegas con los que andar aunque solo sea un tramo del camino.


Luego están los que me encuentro por 5 minutos, que esta vez ha sido curioso, desde un holandés loco (palabrita, holandés y loco) con un barco quemado, que dedicaba sus noches a gritar improperios al aire, nublado por los vapores del alcohol, con una curiosa historia detrás que solo conseguí saber ligeramente, sin profundizar, a una antigua jugadora de baloncesto profesional con la que coincidí en un corto viaje en autobús, a un comerciante de un pintoresco pueblo mediterráneo que vendía recuerdos de Dalí que acabo queriéndome convencer de que dejara de fumar contándome como fue su experiencia y no había forma de poderse marchar, a….. podría mencionar tantas casualidades detrás de cada historia que se me ha ido cruzando, como la de un familiar que quiere cambiar mi brújula norteña para que mire al oeste, a algún pueblito perdido del desierto frontera con Portugal, a la banda sonora en forma de jazz que me acompaña últimamente, a…. que si, que debería estar ya más que acostumbrada (y lo estoy) a las casualidades pero hay temporadas que son tantas y tan seguidas que no deja de encendérseme una lucecita para ver si estoy pasando algo por alto, pero esta vez no quiero luz de gas, mi norte es mi norte, el que siempre ha estado ahí esperándome,  y como bien me dice Alguien, “que nada ni nadie te desvíe del objetivo”. Curioso que ese Alguien al que tanto le atrae los faros, se esté convirtiendo en uno de ellos, marcándome siempre el camino en la niebla, indicándome para no perderme en el camino de vuelta a casa y ayudándome a que sea más fácil la travesía que aún queda, y las historias? Pues eso, cuentos para dormir o no, pero cuentos al fin y al cabo.

viernes, 12 de julio de 2013

A través del espejo



Últimamente tengo la sensación de andar viviendo dos realidades distintas, como si continuamente estuviera siendo empujada de un lado a otro del espejo sin tener control, ni sospechar cuando voy a estar a uno u otro lado. Soy consciente de que aún queda el último trecho para salir del túnel en el que estaba y que no va a ser demasiado fácil, pero al menos el camino ya está hecho. Pero pese a ser consciente, hay temporadas que me veo viviendo una especie de avance de lo que me espera cuando vuelva a casa y mire al norte, así me veo en largos paseos por la orilla de la playa o bordeando acantilados, subiendo teleféricos imposibles junto con mi vértigo que se ha puesto de acuerdo para no dar mucha lata,  conociendo sitios y absorbiendo paisajes, paseíllos en barco, apartada del mundo, ruidos y tecnologías varias, y rodeada de tranquilidad, tropezándome con personas, que pese a mi tendencia a lo antisocial, me empiezan a contar su vida así de repente y así me veo conociendo historias y vidas de gente que no volveré a ver, o compartiendo otra con gente que siempre veo y me gusta compartir, conciertos nocturnos de jazz en el parque, curiosamente ese mismo jazz que luego aparece en cualquier esquina de las que recorro, en forma de música ambiental, de saxofonista en un barco o en cualquier lado como para poner la banda sonora de esos días de dedicarme solo a homenajear a los 5 sentidos, sin obligaciones, sin prisas, sin pensar, y todo ello de la mano de alguien que dedica su tiempo a que pueda ser todo lo que no me han dejado ser y sentir hasta ahora.

Pero cuando estoy ya inmersa en esa vida y aprendiendo a ser feliz, me veo empujada bruscamente al otro lado del espejo y vuelvo a mis peleas con incompetentes varios, a sacar a la fiera y afilar las uñas, papeleos, horarios, obligaciones, prisas, cemento y ruido, el jodido estrés y la lucha sin tregua por cada centímetro que quiero conquistar para salir de aquí, viviendo una particular conjura de los necios continua y con ese alguien que me allana el camino en la distancia. Si, vale, al menos ahora a tiempo parcial puedo vivir y no solamente subsistir, pero marea ese ir y venir continuo de uno al otro lado, calzarse esas dos vidas tan opuestas continuamente y aún así intentar mantener el equilibrio y tener la paciencia que nunca he tenido, para pensar que en breve podré romper en mil añicos el jodido espejo y quedarme del lado de la estrella polar, los colegas, la tranquilidad y los (………………..)

lunes, 17 de junio de 2013

De ausencias y presencias



Ayer mientras disfrutaba de una noche de verano recurrente, o sea, parque y columpiarme a ritmo de puesta al día con una colega, pese al mareo que acaba produciéndome, caí en la cuenta, que llevo una temporada agobiándome y agobiando con las personas que han dejado un espacio vacío en facetas de mi vida, personas que han sido importantes, que han aportado y mucho, quizá más de lo que pudieran imaginarse pero entendiblemente en unos casos e incomprensiblemente en otros han decidido voluntariamente desaparecer. Y por centrarme en esas ausencias, y recrearme en lo que significaron y en lo que fue y no es, lo mismo he estado pasando por alto o no he prestado suficiente atención a los que si están presentes y a esos momentos irrepetibles que me proporcionan.

Supongo que no consigo acostumbrarme a que la vida consiste en eso, en gente que vas encontrando y desencontrando en el camino, que a unos les apartas tú, otros te apartan y otros simplemente han cumplido una función en el momento que más los necesitabas para reafirmarte o reconducirte cuando te pierdes y tienen que dejar sitio, y que en vez de echarlos en falta tendría que estar feliz por habérmelos cruzado el tiempo que haya sido y no soy yo la única en darme cuenta de la suerte que he tenido y tengo por la gente tan especial que he ido coleccionando. Porque a pesar de autodefinirme como antisocial, borde y demás lindezas con las que me adorno, al final, como me dice Alguien, acabo hablando hasta con las piedras que me cruzo y allí donde voy acabo haciendo amigos (si, enemigos también, una que nació para ser de extremos duros o no) y como decía otro alguien, yo siempre he tenido mi público, y la verdad es que siempre estoy rodeada de un puñadito de amigos (AMIGOS literal no sucedáneos) de esos que se preocupan por una y de quién preocuparse y con quien reírse de todo y todos, de esos que no necesitan explicaciones, ni citas precisas, ni fórmulas de cortesía, te dicen las verdades a la cara mal que duelan pero por tu bien, de esos que te pinta una sonrisa con solo saber que están aunque no los tengas delante.

Con lo cual si hago balance de la gente que ha pasado y pasa por mi vida, me doy cuenta que siempre he tenido gente de lo más interesante, indefinible y muy especial acompañándome aunque solo sea un trayecto o dos, que me han hecho crecer como persona, aprender, soñar, creer en mi misma, reírme…   y aunque de vez en cuando se vaya perdiendo alguno siempre encuentro a otro para el siguiente paso, y hay gente que va y viene, desaparece y aparece rompiéndome todos los esquemas, como siempre este surrealismo que es mi vida, a veces hasta para bien. Con lo cual, lo mismo alguna de esa gente a la que ahora pongo falta al pasar lista, vuelve a aparecer por cualquier motivo a la vuelta de cualquier esquina, así que mejor no malgastar el tiempo en “llorar” ausencias, sino dedicar tiempo a las presencias que son las que en este momento me aportan y me llenan, y dejemos al camino que me siga sorprendiendo con su gente por conocer, con sus direcciones prohibidas, con sus surrealismos, con sus momentos mágicos y con sus casualidades, que hacen que el resto sea mucho más llevadero y el pasado, pasado, disfrutado y atesorado está, y como diría mi abuela, ellos se lo pierden!!!!

martes, 11 de junio de 2013

La feria continúa



Tras pasar la noche en vela currando, salgo a reconciliarme conmigo misma viendo amanecer, descalza, sintiendo el frío de la realidad y con la música atronando en los auriculares para ponerle algo de anestesia.  Y mientras el cielo se va tiñiendo de matices de rosa, me doy cuenta de que en esta maldita ciudad no se duerme, ya a esas horas hay un continuo paso de gente por la calle, luces encendidas en el enjambre de ventanas que me rodea, cientos de personas, cientos de vidas tan distintas, cientos de formas de ver la misma realidad, unas pegadas a las otras y sin saber nada, ni si quiera quienes o como son.

Vuelvo a mi sitio delante del teclado con un café en la mano, pongo la tele y me encuentro con un concierto de jazz y mi cabeza inevitablemente vuela de nuevo hacia ese colega que más que colega es hermano, que hace dos meses ha tenido un accidente y casi ni lo cuenta y tengo que enterarme por terceras personas, ya que hace 6 meses que no quiere saber nada de mí pese a no entender aún que ha podido pasar, porque mira que asumo que puesta a ser impertinente, desagradable y borde me ganan pocos, pero esta vez no ha mediado  mi incontrolable carácter y aún sigo dando vueltas a que ha podido pasar para merecer semejante indiferencia, y una parte de mi se niega a creer que la situación vaya a ser permanente y aún imagino que suena el teléfono y es él soltándome alguna de sus burradas como si nada hubiese pasado. Ya que me jode sobremanera el ir dejando en el camino un puñadito de personas que ha sido muy importantes para mi, gente que me haría mucha falta porque visto como me trata mi familia de sangre hay ratos que llego a plantearme si realmente seré como un perro con pulgas al que apartar como si fuera a contagiar algo, o que la cultura del desecho se impone incluso con las personas, y una que es así de rara nunca llegará a entenderlo porque sigue creyendo en la lealtad y en conservar a la gente que te llena y aporta cosas positivas a pesar de lo puta que se pone la vida a veces.

Y pese a todo la feria continua y yo sigo deambulando en busca de mis fuegos artificiales y sigo cargando con mis botes de colores para pintar mi refugio particular, aunque hay días que está difícil encontrarse en medio de semejante caos de acontecimientos que van viniendo todos juntitos y sin ser invitados.

sábado, 8 de junio de 2013

A la mierda primavera



Tras la calma tenía que venir la tempestad y pasar del idiotizamiento y tranquilidad total a aterrizar de boca contra la realidad esa que me acompaña de tanto en poco, y que me deja agotada psicológicamente añadiendo una cosa detrás de otra sin tregua alguna y sin tiempo para asimilarlas en condiciones, todo el día con algo pendiente, ya empecé con un intercambio muy desagradable con un soplapollas de esos que invariablemente aparece de vez en cuando en mi vida solo a tocar las narices y cuando como el otro día rebosa el vaso de aguantarle  payasadas, pues pasa lo que pasa, y a partir de ahí ya supe que la semana venía cruzada, con despedidas inevitables, con otras despedidas esperadas pero no por ello menos jodidas,  papeleo acompañado de un calor asqueroso y colas y más papeleo (siempre falta alguno, es impresionante como anda la jodida burocracia), semana de exámenes, curro pendiente acompañado de un sordo jode conciertos, vamos una auténtica carrera de fondo hasta que por fin llega el viernes y en vez de 5 días parece que hubiera pasado un mes.

Intentas que tus ganas de mandar todo y a todos a la mierda no cause estragos y controlas la susceptibilidad, la bordería y el lenguaje tan espontáneo que gastas en estas situaciones lo que supone un sobreesfuerzo añadido, pero bueno, parece que lo consigo y que el esfuerzo merece la pena ya que los daños colaterales esta vez no aparecen.

Así que hoy tocaba el descanso del guerrero, o como decía Alguien, “huelga de pies y manos, que venga el mundo a vivirme” (o algo así, ya sabemos que mi memoria deja mucho que desear), empiezo trabajando un poco pero enseguida ha llamado mi atención insistentemente la pila interminable de libros pendientes, como diciendo que si siguen aumentando ni la torre de Pisa iba a poder competir con ellos y habría que ponerlo remedio, así que coño? He dado un manotazo al Pepito grillo ese para que se tomará un descanso, me he apartado de la pantalla del ordenador y sus excells y sus bases de datos (es lo que tiene trabajar en casa, que nunca hay horario de salida y siempre tienes trabajo por hacer) y me he lanzado de cabeza a por el primer libro de la pila descomunal, olvidándome por un día de obligaciones, responsabilidades y demás jodiendas, que ya está bien!!

En ello estaba cuando suena el teléfono, el único que dejo encendido (los fines de semana el móvil está tan apagado como el reloj que no uso) porque hay ciertas llamadas que son tan necesarias para mí como los litros de café que acompaño a las letras,  era el remate a este día de homenaje que me he dedicado y de repente…??? Pues eso, que iba demasiado bien el día, que tenía que torcerse de alguna forma y aún ando intentando entender por qué, toda la semana controlando como digo las cosas cuando más ganas tenía de descargar mi impotencia y resulta que el día que mejor estoy y que he conseguido retomar fuerzas y que consigo reírme de todo en vez de …en vez de algo, va y se jode, no logro hacerme entender, y lo que es una absurdez se convierte en un auténtico maremoto en el que me veo arrastrada sin haberlo visto ni venir.

Así que decididamente me alejo del ordenador, esta vez apago todos los teléfonos, me pongo los auriculares con la música a todo volumen, retomo la lectura y como diría mi abuela, que me compre, quién me entienda, que va a ser nadie, y a la mierda primavera!!!

jueves, 30 de mayo de 2013

Idiotizamiento total



Alguien, hace tiempo intentaba convencerme con la teoría de que para escribir algo decente se necesitaba de un poco de pesimismo o un poco de encabronamiento añadiría yo, pese a no llegar a entender en que influía lo del juntar letras con los estados de ánimo, si para el tono, pero no para la fluidez, menos en alguien con incontinencia verbal. Recuerdo perfectamente una de las frases a la que sacar mil filos y otras mil puntas, algo así como que esperaba algo más mediocre de mí pero menos negro. Evidentemente lo de menos mediocre se debía a la poquitita objetividad que suelen tener mis colegas respecto a mi, será para compensar a otros capullos que empujan la balanza al lado contrario y no ven nada bueno en ninguna faceta de lo que hago.

El caso es que tras esta temporada de idiotizamiento total, en plena regresión a la adolescencia más salvaje, he podido comprobar que era cierto!!! No he sido capaz de escribir nada ni mediocre, ni malo, ni peor. Será que ni yo me reconozco en este estado y hasta la borde e independiente han salido huyendo a refugiarse de tanta levitación y tantos puntos suspensivos y no hay forma de encontrarlas, de vez en cuando parece que quieren volver, pero nada, que siguen emancipadas.

Será que esta vida mía nunca deja de sorprenderme (aún con mi diagnóstico de Falsa Finalización de la Capacidad de Sorpresa, ja), pese a llevarme muchas veces a vivir al límite, cambiando de ciudades, empezando de cero a organizar mi mundo, conociendo a un montón de gente que van formando el conglomerado de mis afectos y desafectos, sin tiempo siquiera para aprender a peinarme, va de repente y saca su ironía a pasear y me plantea una realidad que rompe todos los esquemas acumulados durante tanto tiempo, total, que mando los esquemas a tomar por saco y me dedico a dejarme llevar, disfrutarlo y tomármelo con dos hielos o mejor aún acompañado con litros de café y mares, y que truene por donde se le ponga, pese a que seguramente esté abocada a mi finalización de la capacidad para juntar letras, o algo así.

sábado, 11 de mayo de 2013

Afilando las uñas



Mira que me estoy quitando de leer el periódico o ver la tele, más aún las televisiones “oficiales” ya que es ver tanta incongruencia junta y darme ganas de prende fuego al periódico, arrimarlo a la tele y emigrar a Alaska como punto más cercano, que me han dicho que el frío conserva muy bien.

Y mira que soy más que tolerante con cualquier religión, creencia o ideología, pese a no entenderlas a veces,  vamos que allá cada cual con lo que cree o a quién reza, cosa que al revés no suele funcionar igual con mi ateísmo o con mi forma de vivir cuando quieren controlarme con quién me acuesto, con quién me levanto, con quién me junto o de quién me separo, si utilizo o no preservativo, si quiero o no tener opción de abortar, lo que como si es en viernes, etc, ni que eso me fuera a hacer mejor persona y ya por no decir que ellos sean el ejemplo a seguir, vamos igual que si yo me pongo a predicar y dar lecciones de celibato y de vida monacal y creo dogma, de locos.

Realmente el tema Iglesias y religiones varias, vamos sus dirigentes (que seguramente si me pongo a pensar consigo encontrar a gente que lleva realmente la verdadera esencia de la religión  a la práctica) daría para horas de incongruencias y si, seguramente si lo leyeran me mandarían al peor de los infiernos o restaurarían la inquisición (aunque no quisiera dar ideas  porque estamos a un paso de ello), pero vamos, que visto el panorama y si ellos son los primeros en ir para allá arriba, mejor, que de inquisiciones e inquisidores ya estoy un poquito hasta arriba.

Al grano, resulta que hace un par de días acompaño el café con la impresionante noticia de que en la  televisión estatal en horario de alta audiencia se descuelgan en plenas noticias con la revelación de que ir a rezar calma la ansiedad de los que estamos en paro y creo que me desperté de golpe, volví a leer pensando que era el efecto de estar aún medio dormida, pero no, ahí seguía lo mismo, miré que día era a ver si había tenido un lapsus en el tiempo y resulta que era 28 de diciembre, pero tampoco, y mira que últimamente estoy acostumbrada a leer o escuchar tamañas barbaridades que ya no sé si estoy en el club de la comedia con unos pésimos cómicos o que realmente a quienes nos desgobiernan se le han fundido las neuronas de tanto no usarlas, y aún así no dejarán de sorprenderme. Pienso si habré mezclado algo con el café, si me ha sentado mal la medicación, pero no, no, realmente han soltado tamaña soplapollez y se han quedado tan anchos. Ojo y añadiendo que el efecto es más balsámico si pones una vela y ya te dicen hasta a que santo hay que rezarle, San Expedito, toma ya. Resulta que ni crisis mundial, ni corrupción, ni empresarios provechistas, ni bancos especuladores, nada, la culpa de la ansiedad y de todo la tiene el no ir a rezar!!!! Y digo yo, si los más de 6 millones de parados, vamos todos a la vez al tal santo y ponerle una vela, en vez de tanto escrache, tanta manifestación y tanta protesta, resulta que dormiremos mejor por la noche y se solucionarán más rápidos todos los problemas? Resulta que el humo de las velas dará de comer a los hijos de los parados o se alimentarán de las ostias de la iglesia del santo? Entraremos todos en  los bancos de la iglesia cuando el no tener un sueldo haga que nos desahucien y nos dejen de patitas en la calle? Rezando no nos dolerá nada y adquiriremos sabiduría para compensar la falta de recursos en hospitales, médicos, educación, profesorado, etc, etc, etc??Y luego como va el tema, el santo procesa las peticiones por estricto orden de entrada, o tiene preferencia el que lleve el cirio más grande, o el que de un sobre más abultado al cura?? Tantas dudas…..es lo que tiene no saber rezar, que no sabes ni por donde empezar ni lo que puedes ganar (si, la salvación eterna, pero…salvarme de que???), y otra cosa será el conseguir entrar en una iglesia porque una que no está iluminada con la fé verdadera, ni con la falsa claro está, cuando entra en esos sitios se acuerda de una canción que le gusta mucho, que entre otras cosas dice “Si no hay pan para los tuyos, y ves muy gordo al abad, si su virgen viste de oro, desnúdala.”

(Siento si he herido alguna susceptibilidad y entiendo que hay gente que se toma la religión de otra manera y me parece muy respetable, pero es que hay veces, cada vez más, que siento que se están riendo de mi con demasiadas noticias y me hierve la sangre y se me afilan las uñas)

viernes, 10 de mayo de 2013

Cosas que me gustan



Debido a las circunstancias que me han tocado pelear puede parecer que me pase el día en guerra contra el mundo, incapaz de tolerar la estupidez de mucha gente y en continua alerta para sacar las uñas y saltar a la mínima, ya sin contar el ser borde, abrupta, excesiva e inconformista que ya me venía de serie. Pero si me pongo a pensar, también hay muchas cosas que me gustan y me reconcilian con el mundo y conmigo misma.

Me atrae el norte, el mirar y escuchar el mar desde los acantilados, eso si, un mar de verdad y salvaje, andar por el monte rodeada de árboles y no de gente, coches y cemento y las ciudades rodeadas de verde y con ría; me gusta vivir sin estar encadenada a un reloj o a un horario establecido; disfruto con la lluvia, el olor a tierra húmeda y de mojarme; soy feliz con mis colegas, esos con los que puedo reírme, llorar, cabrearme, pasar la pataleta, decir lo que pienso sin filtrar, ser yo en estado puro sin tener que esconder nada o disimular; me divierte provocar a la gente estirada que vive de las apariencias y del que dirán y diciendo de los demás que no tiene sangre en las venas y confunden ser con tener; levito leyendo, escribiendo, imaginando, soñando y dejándome sorprender por las cosas cotidianas pese a poder creer que ya ando de vuelta de todo; me fascina el rojo, cojear del pié izquierdo, llevar la contraria por sistema, ser una descreída (bueno salvo la honrosa excepción de yo creo, si creo, yo creo en...) y las direcciones prohibidas; me prestan los cafés nocturnos pese a la ausencia de cigarros impares, las noches de manta, sofá y tele y los paréntesis y puntos suspensivos; me pone ir por la vida sin peinar, sin hacer caso a las apariencias, ser mal hablada, políticamente incorrecta, impulsiva, ir de frente mal que duela, soplándome lo que piense de mi la gente, pisando fuerte y con la cabeza bien alta; me arrancan una sonrisa las casualidades continuas grandes o pequeñas, que aparecen a la vuelta de cualquier esquina; me reconforta mi música imposible a todo volumen, reirme a carcajadas de cualquier cosa o de mi misma o de las que lío o me lían queriendo o sin querer,  y con mis idas de pinza sacando frases de contexto y utilizándolas en otros que les sienta mucho mejor; me encanta la tranquilidad de la madrugada para dispersarme y hacer lo que realmente me gusta, sin responsabilidades, sin obligaciones, sin ruidos y dentro de poco ya sin esperas, sin morderme las ganas y sin pensar solo dejándome llevar.