El agobio me ha invadido, ¿quién me desagobiará? El desagobiador
que me desagobie buen desagobiador será, o lo mismo el impadecible calor que no hay humano que lo
soporte, o lo mismo es un vicio recurrente lo de caer en picado de vez en cuando
para darme cuenta de lo imbécil puedo llegar a ponerme, ahora un café, un
cigarro y a sentarme a esperar que se me pase sin causar demasiados estragos
entre la gente que me padece que ya voy dejando demasiados damnificados y no
quiero permitirme ni uno más.
martes, 23 de julio de 2013
sábado, 20 de julio de 2013
Noche en vela
A veces, tengo la impresión de que alguien a hurtadillas
hurga en mi tiempo, y va arañando y quitando minutos de tal forma que para
cuando paro y quiero darme cuenta han volado los días sin haber sentido vivirlos, la sensación aumenta con el calor acuciante, nunca me
acostumbré a este jodido clima y para lo que me queda ya, mejor no
acostumbrarme. Y en las noches de insomnio y vuelta y vuelta por la indecente
temperatura, la humedad, el ruido en la calle por intempestiva que sea la hora,
intento imaginarme ya en mis bárbaras tierras del norte. Que por mucho que haya
aprendido a ser paciente, a saber contar casi hasta diez, no siempre es fácil,
más en alguien acostumbrada a quererlo todo para ayer, y así me muerdo las uñas
de impaciencia por verme ya fuera de aquí, porque los veranos vuelvan a
recuperar su auténtico sentido, con un clima padecible, con su chubasquero de
vez en cuando, con el poder respirar, con sus noches con manta, con su olor
característico, porque si, en una ciudad grande solo huele a contaminación y mierda,
pero en otros lados el verano huele a eso, a verano, con sus cenas con esos
amigos que allí tengo más cerca, que si, que aquí también los tengo pero quedar
es una aventura en estas fechas y va a ser casi tan fácil verlos allí en esa
casa que más que casa parecerá un hostal, pero ilusionada por poder compartirla con
esa gente que siempre ha estado, con sus llantos y sus risas, con sus
conversaciones surrealistas e imposibles… porque si algo he constatado a estas
alturas de la película es que lo que menos importa es el dinero para ser feliz,
que después de vivir en tantos sitios, lo que realmente más echas de menos y
necesitas es un clima, la lluvia, los olores y sonidos y sobre todo la gente
que merece la pena, la que no necesita que aparente ni aparentar nada, con la que poder reírme con ganas por tonterías
o con la que ejercer de hombro donde llorar o viceversa, compartir al fin y al cabo
y sentirte a gusto y disfrutar, todo lo demás es accesorio. Y así continúa
la noche en vela, mientras pienso que esa casa pequeña con la cafetera muy
grande ya está ahí casi a mi alcance para el resto de veranos que me quedan por pasar.
domingo, 14 de julio de 2013
Historias y más historias
Tras recargar pilas en esa especie de retirada del mundanal
ruido, lejos de mis agobios, del estrés y sin saber nada de nada ni de nadie,
tocaba puesta al día con todo el mundo, con la tranquilidad que dá el no tener
horarios, ni demasiadas obligaciones y llegar con la cabeza en su sitio. Y así continuó guardando en la motxila una surtida colección
de historias totalmente dispares que me toca conocer, es lo que tiene tener colegas
repartidos por cualquier lado, de cualquier género, condición, ideología y
forma de entender y enfrentar la vida. Llega un momento que no te extraña verte
cambiando de registro tan bruscamente, intentando empatizar con todo el mundo,
sin juzgar, pero diciendo lo que realmente pienso, mal que joda, creo que es
por eso que acabo siendo la depositaria de tantos pedacitos de vidas ajenas. Y tan pronto
recupero amistades de hace más de 20 años, que se dice pronto, como familiares
que hace siglos no sabía nada de ellos y que me llevan a esa pasado del que
empiezo a recuperar totalmente la memoria, que retomo el hilo con los que siempre han
estado y no por eso no tienen un libro para escribir, como que me veo con gente
que apenas acabo de conocer y poco o nada saben de mi. Todos ellos han vivido
una faceta totalmente diferente de esta vida al borde del abismo que he llevado
siempre, pero de todos atesoro aprendizaje y todos me hacen crecer un poquito más. Y aún con
todo nunca deja de sorprenderme, que pese a ser la jodida reina del borderío y del
pasar de todo, las casualidades, o lo que sea, acaban poniendo en mi camino
gente que según la echo el primer vistazo ya sé que van a formar parte de la lista de conocidos
o colegas con los que andar aunque solo sea un tramo del camino.
Luego están los que me encuentro por 5 minutos, que esta vez
ha sido curioso, desde un holandés loco (palabrita, holandés y loco) con un
barco quemado, que dedicaba sus noches a gritar improperios al aire, nublado
por los vapores del alcohol, con una curiosa historia detrás que solo conseguí
saber ligeramente, sin profundizar, a una antigua jugadora de baloncesto profesional
con la que coincidí en un corto viaje en autobús, a un comerciante de un pintoresco
pueblo mediterráneo que vendía recuerdos de Dalí que acabo queriéndome
convencer de que dejara de fumar contándome como fue su experiencia y no había
forma de poderse marchar, a….. podría mencionar tantas casualidades detrás de
cada historia que se me ha ido cruzando, como la de un familiar que quiere
cambiar mi brújula norteña para que mire al oeste, a algún pueblito perdido del
desierto frontera con Portugal, a la banda sonora en forma de jazz que me
acompaña últimamente, a…. que si, que debería estar ya más que acostumbrada (y
lo estoy) a las casualidades pero hay temporadas que son tantas y tan seguidas
que no deja de encendérseme una lucecita para ver si estoy pasando algo por
alto, pero esta vez no quiero luz de gas, mi norte es mi norte, el que siempre
ha estado ahí esperándome, y como bien
me dice Alguien, “que nada ni nadie te desvíe del objetivo”. Curioso que ese
Alguien al que tanto le atrae los faros, se esté convirtiendo en uno de ellos, marcándome
siempre el camino en la niebla, indicándome para no perderme en el camino de
vuelta a casa y ayudándome a que sea más fácil la travesía que aún queda, y las
historias? Pues eso, cuentos para dormir o no, pero cuentos al fin y al cabo.
viernes, 12 de julio de 2013
A través del espejo
Últimamente tengo la sensación de andar viviendo dos
realidades distintas, como si continuamente estuviera siendo empujada de un
lado a otro del espejo sin tener control, ni sospechar cuando voy a estar a uno
u otro lado. Soy consciente de que aún queda el último trecho para salir del túnel
en el que estaba y que no va a ser demasiado fácil, pero al menos el camino ya
está hecho. Pero pese a ser consciente, hay temporadas que me veo viviendo una
especie de avance de lo que me espera cuando vuelva a casa y mire al norte, así
me veo en largos paseos por la orilla de la playa o bordeando acantilados,
subiendo teleféricos imposibles junto con mi vértigo que se ha puesto de
acuerdo para no dar mucha lata, conociendo sitios y absorbiendo paisajes, paseíllos
en barco, apartada del mundo, ruidos y tecnologías
varias, y rodeada de tranquilidad, tropezándome con personas, que pese a mi tendencia a lo antisocial, me
empiezan a contar su vida así de repente y así me veo conociendo historias y
vidas de gente que no volveré a ver, o compartiendo otra con gente que siempre
veo y me gusta compartir, conciertos nocturnos de jazz en el parque,
curiosamente ese mismo jazz que luego aparece en cualquier esquina de las que
recorro, en forma de música ambiental, de saxofonista en un barco o en
cualquier lado como para poner la banda sonora de esos días de dedicarme solo a
homenajear a los 5 sentidos, sin obligaciones, sin prisas, sin pensar, y todo
ello de la mano de alguien que dedica su tiempo a que pueda ser todo lo que no me
han dejado ser y sentir hasta ahora.
Pero cuando estoy ya inmersa en esa vida y aprendiendo a ser
feliz, me veo empujada bruscamente al otro lado del espejo y vuelvo a mis
peleas con incompetentes varios, a sacar a la fiera y afilar las uñas, papeleos,
horarios, obligaciones, prisas, cemento y ruido, el jodido estrés y la lucha
sin tregua por cada centímetro que quiero conquistar para salir de aquí,
viviendo una particular conjura de los necios continua y con ese alguien que me
allana el camino en la distancia. Si, vale, al menos ahora a tiempo parcial
puedo vivir y no solamente subsistir, pero marea ese ir y venir continuo de uno
al otro lado, calzarse esas dos vidas tan opuestas continuamente y aún así intentar
mantener el equilibrio y tener la paciencia que nunca he tenido, para pensar que en breve podré romper
en mil añicos el jodido espejo y quedarme del lado de la estrella polar, los
colegas, la tranquilidad y los (………………..)
lunes, 17 de junio de 2013
De ausencias y presencias
Ayer mientras disfrutaba de una noche de verano recurrente,
o sea, parque y columpiarme a ritmo de puesta al día con una colega, pese al
mareo que acaba produciéndome, caí en la cuenta, que llevo una temporada agobiándome
y agobiando con las personas que han dejado un espacio vacío en facetas de mi
vida, personas que han sido importantes, que han aportado y mucho, quizá más de
lo que pudieran imaginarse pero entendiblemente en unos casos
e incomprensiblemente en otros han decidido voluntariamente desaparecer. Y por
centrarme en esas ausencias, y recrearme en lo que significaron y en lo que fue
y no es, lo mismo he estado pasando por alto o no he prestado suficiente atención
a los que si están presentes y a esos momentos irrepetibles que me proporcionan.
Supongo que no consigo acostumbrarme a que la vida consiste
en eso, en gente que vas encontrando y desencontrando en el camino, que a unos
les apartas tú, otros te apartan y otros simplemente han cumplido una función
en el momento que más los necesitabas para reafirmarte o reconducirte cuando te
pierdes y tienen que dejar sitio, y que en vez de echarlos en falta tendría que
estar feliz por habérmelos cruzado el tiempo que haya sido y no soy yo la única
en darme cuenta de la suerte que he tenido y tengo por la gente tan especial
que he ido coleccionando. Porque a pesar de autodefinirme como antisocial,
borde y demás lindezas con las que me adorno, al final, como me dice Alguien,
acabo hablando hasta con las piedras que me cruzo y allí donde voy acabo
haciendo amigos (si, enemigos también, una que nació para ser de extremos duros
o no) y como decía otro alguien, yo siempre he tenido mi público, y la verdad
es que siempre estoy rodeada de un puñadito de amigos (AMIGOS literal no sucedáneos)
de esos que se preocupan por una y de quién preocuparse y con quien reírse de
todo y todos, de esos que no necesitan explicaciones, ni citas precisas, ni
fórmulas de cortesía, te dicen las verdades a la cara mal que duelan pero por tu bien, de esos que te pinta una sonrisa con solo saber que están
aunque no los tengas delante.
Con lo cual si hago balance de la gente que ha pasado y pasa
por mi vida, me doy cuenta que siempre he tenido gente de lo más interesante,
indefinible y muy especial acompañándome aunque solo sea un trayecto o dos, que
me han hecho crecer como persona, aprender, soñar, creer en mi misma, reírme… y aunque
de vez en cuando se vaya perdiendo alguno siempre encuentro a otro para el
siguiente paso, y hay gente que va y viene, desaparece y aparece rompiéndome
todos los esquemas, como siempre este surrealismo que es mi vida, a veces hasta
para bien. Con lo cual, lo mismo alguna de esa gente a la que ahora pongo falta
al pasar lista, vuelve a aparecer por cualquier motivo a la vuelta de cualquier
esquina, así que mejor no malgastar el tiempo en “llorar” ausencias, sino dedicar
tiempo a las presencias que son las que en este momento me aportan y me llenan,
y dejemos al camino que me siga sorprendiendo con su gente por conocer, con sus direcciones prohibidas,
con sus surrealismos, con sus momentos mágicos y con sus casualidades, que
hacen que el resto sea mucho más llevadero y el pasado, pasado, disfrutado y atesorado está, y como diría mi abuela, ellos se lo pierden!!!!
martes, 11 de junio de 2013
La feria continúa
Tras pasar la noche en vela currando, salgo a reconciliarme
conmigo misma viendo amanecer, descalza, sintiendo el frío de la
realidad y con la música atronando en los auriculares para ponerle algo de anestesia.
Y mientras el cielo se va tiñiendo de
matices de rosa, me doy cuenta de que en esta maldita ciudad no se duerme, ya a
esas horas hay un continuo paso de gente por la calle, luces encendidas en el
enjambre de ventanas que me rodea, cientos de personas, cientos de vidas tan
distintas, cientos de formas de ver la misma realidad, unas pegadas a las otras
y sin saber nada, ni si quiera quienes o como son.
Vuelvo a mi sitio delante del teclado con un café en la
mano, pongo la tele y me encuentro con un concierto de jazz y mi cabeza inevitablemente vuela
de nuevo hacia ese colega que más que colega es hermano, que hace dos meses ha
tenido un accidente y casi ni lo cuenta y tengo que enterarme por terceras
personas, ya que hace 6 meses que no quiere saber nada de mí pese a no entender
aún que ha podido pasar, porque mira que asumo que puesta a ser impertinente, desagradable
y borde me ganan pocos, pero esta vez no ha mediado mi incontrolable carácter
y aún sigo dando vueltas a que ha podido pasar para merecer semejante
indiferencia, y una parte de mi se niega a creer que la situación vaya a ser
permanente y aún imagino que suena el teléfono y es él soltándome alguna de sus
burradas como si nada hubiese pasado. Ya que me jode sobremanera el ir dejando
en el camino un puñadito de personas que ha sido muy importantes para mi, gente
que me haría mucha falta porque visto como me trata mi familia de sangre hay
ratos que llego a plantearme si realmente seré como un perro con pulgas al que
apartar como si fuera a contagiar algo, o que la cultura del desecho se impone
incluso con las personas, y una que es así de rara nunca llegará a entenderlo
porque sigue creyendo en la lealtad y en conservar a la gente que te llena y aporta cosas positivas a pesar de lo puta que se pone la vida a
veces.
Y pese a todo la feria continua y yo sigo deambulando en
busca de mis fuegos artificiales y sigo cargando con mis botes de colores para
pintar mi refugio particular, aunque hay días que está difícil encontrarse en
medio de semejante caos de acontecimientos que van viniendo todos juntitos y
sin ser invitados.
sábado, 8 de junio de 2013
A la mierda primavera
Tras la calma tenía que venir la tempestad y pasar del
idiotizamiento y tranquilidad total a aterrizar de boca contra la realidad esa
que me acompaña de tanto en poco, y que me deja agotada psicológicamente añadiendo
una cosa detrás de otra sin tregua alguna y sin tiempo para asimilarlas en condiciones,
todo el día con algo pendiente, ya empecé con un intercambio muy desagradable
con un soplapollas de esos que invariablemente aparece de vez en cuando en mi
vida solo a tocar las narices y cuando como el otro día rebosa el vaso de
aguantarle payasadas, pues pasa lo que
pasa, y a partir de ahí ya supe que la semana venía cruzada, con despedidas inevitables,
con otras despedidas esperadas pero no por ello menos jodidas, papeleo acompañado de un calor asqueroso y
colas y más papeleo (siempre falta alguno, es impresionante como anda la jodida
burocracia), semana de exámenes, curro pendiente acompañado de un sordo jode
conciertos, vamos una auténtica carrera de fondo hasta que por fin llega el
viernes y en vez de 5 días parece que hubiera pasado un mes.
Intentas que tus ganas de mandar todo y a todos a la mierda
no cause estragos y controlas la susceptibilidad, la bordería y el lenguaje tan
espontáneo que gastas en estas situaciones lo que supone un sobreesfuerzo
añadido, pero bueno, parece que lo consigo y que el esfuerzo merece la pena ya
que los daños colaterales esta vez no aparecen.
Así que hoy tocaba el descanso del guerrero, o como decía
Alguien, “huelga de pies y manos, que venga el mundo a vivirme” (o algo así, ya
sabemos que mi memoria deja mucho que desear), empiezo trabajando un poco pero
enseguida ha llamado mi atención insistentemente la pila interminable de libros
pendientes, como diciendo que si siguen aumentando ni la torre de Pisa iba a
poder competir con ellos y habría que ponerlo remedio, así que coño? He dado un
manotazo al Pepito grillo ese para que se tomará un descanso, me he apartado de
la pantalla del ordenador y sus excells y sus bases de datos (es lo que tiene trabajar en casa, que nunca hay horario de salida y siempre tienes trabajo por hacer) y me he lanzado de
cabeza a por el primer libro de la pila descomunal, olvidándome por un día de
obligaciones, responsabilidades y demás jodiendas, que ya está bien!!
En ello estaba cuando suena el teléfono, el único que dejo
encendido (los fines de semana el móvil está tan apagado como el reloj que no
uso) porque hay ciertas llamadas que son tan necesarias para mí como los litros
de café que acompaño a las letras, era
el remate a este día de homenaje que me he dedicado y de repente…??? Pues eso,
que iba demasiado bien el día, que tenía que torcerse de alguna forma y aún
ando intentando entender por qué, toda la semana controlando como digo las
cosas cuando más ganas tenía de descargar mi impotencia y resulta que el día
que mejor estoy y que he conseguido retomar fuerzas y que consigo reírme de
todo en vez de …en vez de algo, va y se jode, no logro hacerme entender, y lo
que es una absurdez se convierte en un auténtico maremoto en el que me veo
arrastrada sin haberlo visto ni venir.
Así que decididamente me alejo del ordenador, esta vez apago
todos los teléfonos, me pongo los auriculares con la música a todo volumen, retomo
la lectura y como diría mi abuela, que me compre, quién me entienda, que va a
ser nadie, y a la mierda primavera!!!
jueves, 30 de mayo de 2013
Idiotizamiento total
Alguien, hace tiempo intentaba convencerme con la teoría de
que para escribir algo decente se necesitaba de un poco de pesimismo o un poco
de encabronamiento añadiría yo, pese a no llegar a entender en que influía lo
del juntar letras con los estados de ánimo, si para el tono, pero no para la
fluidez, menos en alguien con incontinencia verbal. Recuerdo perfectamente una de las frases a la que sacar mil filos y
otras mil puntas, algo así como que esperaba algo más mediocre de mí pero menos
negro. Evidentemente lo de menos mediocre se debía a la poquitita objetividad
que suelen tener mis colegas respecto a mi, será para compensar a otros
capullos que empujan la balanza al lado contrario y no ven nada bueno en ninguna
faceta de lo que hago.
El caso es que tras esta temporada de idiotizamiento total,
en plena regresión a la adolescencia más salvaje, he podido comprobar que era
cierto!!! No he sido capaz de escribir nada ni mediocre, ni malo, ni peor. Será
que ni yo me reconozco en este estado y hasta la borde e independiente han
salido huyendo a refugiarse de tanta levitación y tantos puntos suspensivos y
no hay forma de encontrarlas, de vez en cuando parece que quieren volver, pero
nada, que siguen emancipadas.
Será que esta vida mía nunca deja de sorprenderme (aún con
mi diagnóstico de Falsa Finalización de la Capacidad de Sorpresa, ja), pese a llevarme
muchas veces a vivir al límite, cambiando de ciudades, empezando de cero a
organizar mi mundo, conociendo a un montón de gente que van formando el
conglomerado de mis afectos y desafectos, sin tiempo siquiera para aprender a
peinarme, va de repente y saca su ironía a pasear y me plantea una realidad que
rompe todos los esquemas acumulados durante tanto tiempo, total, que mando los
esquemas a tomar por saco y me dedico a dejarme llevar, disfrutarlo y tomármelo
con dos hielos o mejor aún acompañado con litros de café y mares, y que truene
por donde se le ponga, pese a que seguramente esté abocada a mi finalización de
la capacidad para juntar letras, o algo así.
sábado, 11 de mayo de 2013
Afilando las uñas
Mira que me estoy quitando de leer el periódico o ver la
tele, más aún las televisiones “oficiales” ya que es ver tanta incongruencia junta y
darme ganas de prende fuego al periódico, arrimarlo a la tele y emigrar a
Alaska como punto más cercano, que me han dicho que el frío conserva muy bien.
Y mira que soy más que tolerante con cualquier religión,
creencia o ideología, pese a no entenderlas a veces, vamos que allá cada cual con lo que cree o a
quién reza, cosa que al revés no suele funcionar igual con mi ateísmo o con mi
forma de vivir cuando quieren controlarme con quién me acuesto, con quién me
levanto, con quién me junto o de quién me separo, si utilizo o no preservativo,
si quiero o no tener opción de abortar, lo que como si es en viernes, etc, ni
que eso me fuera a hacer mejor persona y ya por no decir que ellos sean el ejemplo
a seguir, vamos igual que si yo me pongo a predicar y dar lecciones de celibato
y de vida monacal y creo dogma, de locos.
Realmente el tema Iglesias y religiones varias, vamos sus dirigentes
(que seguramente si me pongo a pensar consigo encontrar a gente que lleva
realmente la verdadera esencia de la religión
a la práctica) daría para horas de incongruencias y si, seguramente si
lo leyeran me mandarían al peor de los infiernos o restaurarían la inquisición
(aunque no quisiera dar ideas porque
estamos a un paso de ello), pero vamos, que visto el panorama y si ellos son
los primeros en ir para allá arriba, mejor, que de inquisiciones e inquisidores
ya estoy un poquito hasta arriba.
Al grano, resulta que hace un par de días acompaño el café con
la impresionante noticia de que en la televisión estatal en horario de
alta audiencia se descuelgan en plenas noticias con la revelación de que ir a
rezar calma la ansiedad de los que estamos en paro y creo que me desperté de
golpe, volví a leer pensando que era el efecto de estar aún medio dormida, pero
no, ahí seguía lo mismo, miré que día era a ver si había tenido un lapsus en el
tiempo y resulta que era 28 de diciembre, pero tampoco, y mira que últimamente
estoy acostumbrada a leer o escuchar tamañas barbaridades que ya no sé si estoy
en el club de la comedia con unos pésimos cómicos o que realmente a quienes nos
desgobiernan se le han fundido las neuronas de tanto no usarlas, y aún así no dejarán
de sorprenderme. Pienso si habré mezclado algo con el café, si me ha sentado
mal la medicación, pero no, no, realmente han soltado tamaña soplapollez y se
han quedado tan anchos. Ojo y añadiendo que el efecto es más balsámico si pones
una vela y ya te dicen hasta a que santo hay que rezarle, San Expedito, toma
ya. Resulta que ni crisis mundial, ni corrupción, ni empresarios provechistas, ni
bancos especuladores, nada, la culpa de la ansiedad y de todo la tiene el no ir a rezar!!!! Y
digo yo, si los más de 6 millones de parados, vamos todos a la vez al tal santo
y ponerle una vela, en vez de tanto escrache, tanta manifestación y tanta
protesta, resulta que dormiremos mejor por la noche y se solucionarán más
rápidos todos los problemas? Resulta que el humo de las velas dará de comer a
los hijos de los parados o se alimentarán de las ostias de la iglesia del
santo? Entraremos todos en los bancos de
la iglesia cuando el no tener un sueldo haga que nos desahucien y nos dejen de
patitas en la calle? Rezando no nos dolerá nada y adquiriremos sabiduría para
compensar la falta de recursos en hospitales, médicos, educación, profesorado,
etc, etc, etc??Y luego como va el tema, el santo procesa las peticiones por
estricto orden de entrada, o tiene preferencia el que lleve el cirio más
grande, o el que de un sobre más abultado al cura?? Tantas dudas…..es lo que
tiene no saber rezar, que no sabes ni por donde empezar ni lo que puedes ganar
(si, la salvación eterna, pero…salvarme de que???), y otra cosa será el
conseguir entrar en una iglesia porque una que no está iluminada con la fé
verdadera, ni con la falsa claro está, cuando entra en esos sitios se acuerda
de una canción que le gusta mucho, que entre otras cosas dice “Si no hay pan
para los tuyos, y ves muy gordo al abad, si su virgen viste de oro, desnúdala.”
(Siento si he herido alguna susceptibilidad y entiendo que
hay gente que se toma la religión de otra manera y me parece muy respetable,
pero es que hay veces, cada vez más, que siento que se están riendo de mi con
demasiadas noticias y me hierve la sangre y se me afilan las uñas)
viernes, 10 de mayo de 2013
Cosas que me gustan
Debido a las circunstancias que me han tocado pelear puede
parecer que me pase el día en guerra contra el mundo, incapaz de tolerar la
estupidez de mucha gente y en continua alerta para sacar las uñas y saltar a la
mínima, ya sin contar el ser borde, abrupta, excesiva e inconformista que ya me
venía de serie. Pero si me pongo a pensar, también hay muchas cosas que me
gustan y me reconcilian con el mundo y conmigo misma.
Me atrae el norte, el mirar y escuchar el mar desde los
acantilados, eso si, un mar de verdad y salvaje, andar por el monte rodeada de
árboles y no de gente, coches y cemento y las ciudades rodeadas de verde y con ría; me gusta vivir sin estar encadenada a un
reloj o a un horario establecido; disfruto con la lluvia, el olor a tierra húmeda y de
mojarme; soy feliz con mis colegas, esos con los que puedo reírme, llorar,
cabrearme, pasar la pataleta, decir lo que pienso sin filtrar, ser yo en estado
puro sin tener que esconder nada o disimular; me divierte provocar a la gente
estirada que vive de las apariencias y del que dirán y diciendo de los demás que
no tiene sangre en las venas y confunden ser con tener; levito leyendo, escribiendo, imaginando, soñando
y dejándome sorprender por las cosas cotidianas pese a poder creer que ya ando
de vuelta de todo; me fascina el rojo, cojear del pié izquierdo, llevar la contraria
por sistema, ser una descreída (bueno salvo la honrosa excepción de yo creo, si creo, yo creo en...) y las direcciones prohibidas; me prestan los cafés nocturnos pese a
la ausencia de cigarros impares, las noches de manta, sofá y tele y los
paréntesis y puntos suspensivos; me pone ir por la vida sin peinar, sin hacer
caso a las apariencias, ser mal hablada, políticamente incorrecta, impulsiva,
ir de frente mal que duela, soplándome lo que piense de mi la gente, pisando
fuerte y con la cabeza bien alta; me arrancan una sonrisa las casualidades
continuas grandes o pequeñas, que aparecen a la vuelta de cualquier esquina; me reconforta mi música imposible a todo volumen, reirme a carcajadas de
cualquier cosa o de mi misma o de las que lío o me lían queriendo o sin querer,
y con mis idas de pinza sacando frases
de contexto y utilizándolas en otros que les sienta mucho mejor; me encanta la
tranquilidad de la madrugada para dispersarme y hacer lo que realmente me
gusta, sin responsabilidades, sin obligaciones, sin ruidos y dentro de poco ya
sin esperas, sin morderme las ganas y sin pensar solo dejándome llevar.
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