Últimamente tengo la sensación de andar viviendo dos
realidades distintas, como si continuamente estuviera siendo empujada de un
lado a otro del espejo sin tener control, ni sospechar cuando voy a estar a uno
u otro lado. Soy consciente de que aún queda el último trecho para salir del túnel
en el que estaba y que no va a ser demasiado fácil, pero al menos el camino ya
está hecho. Pero pese a ser consciente, hay temporadas que me veo viviendo una
especie de avance de lo que me espera cuando vuelva a casa y mire al norte, así
me veo en largos paseos por la orilla de la playa o bordeando acantilados,
subiendo teleféricos imposibles junto con mi vértigo que se ha puesto de
acuerdo para no dar mucha lata, conociendo sitios y absorbiendo paisajes, paseíllos
en barco, apartada del mundo, ruidos y tecnologías
varias, y rodeada de tranquilidad, tropezándome con personas, que pese a mi tendencia a lo antisocial, me
empiezan a contar su vida así de repente y así me veo conociendo historias y
vidas de gente que no volveré a ver, o compartiendo otra con gente que siempre
veo y me gusta compartir, conciertos nocturnos de jazz en el parque,
curiosamente ese mismo jazz que luego aparece en cualquier esquina de las que
recorro, en forma de música ambiental, de saxofonista en un barco o en
cualquier lado como para poner la banda sonora de esos días de dedicarme solo a
homenajear a los 5 sentidos, sin obligaciones, sin prisas, sin pensar, y todo
ello de la mano de alguien que dedica su tiempo a que pueda ser todo lo que no me
han dejado ser y sentir hasta ahora.
Pero cuando estoy ya inmersa en esa vida y aprendiendo a ser
feliz, me veo empujada bruscamente al otro lado del espejo y vuelvo a mis
peleas con incompetentes varios, a sacar a la fiera y afilar las uñas, papeleos,
horarios, obligaciones, prisas, cemento y ruido, el jodido estrés y la lucha
sin tregua por cada centímetro que quiero conquistar para salir de aquí,
viviendo una particular conjura de los necios continua y con ese alguien que me
allana el camino en la distancia. Si, vale, al menos ahora a tiempo parcial
puedo vivir y no solamente subsistir, pero marea ese ir y venir continuo de uno
al otro lado, calzarse esas dos vidas tan opuestas continuamente y aún así intentar
mantener el equilibrio y tener la paciencia que nunca he tenido, para pensar que en breve podré romper
en mil añicos el jodido espejo y quedarme del lado de la estrella polar, los
colegas, la tranquilidad y los (………………..)

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