viernes, 10 de mayo de 2013

Cosas que me gustan



Debido a las circunstancias que me han tocado pelear puede parecer que me pase el día en guerra contra el mundo, incapaz de tolerar la estupidez de mucha gente y en continua alerta para sacar las uñas y saltar a la mínima, ya sin contar el ser borde, abrupta, excesiva e inconformista que ya me venía de serie. Pero si me pongo a pensar, también hay muchas cosas que me gustan y me reconcilian con el mundo y conmigo misma.

Me atrae el norte, el mirar y escuchar el mar desde los acantilados, eso si, un mar de verdad y salvaje, andar por el monte rodeada de árboles y no de gente, coches y cemento y las ciudades rodeadas de verde y con ría; me gusta vivir sin estar encadenada a un reloj o a un horario establecido; disfruto con la lluvia, el olor a tierra húmeda y de mojarme; soy feliz con mis colegas, esos con los que puedo reírme, llorar, cabrearme, pasar la pataleta, decir lo que pienso sin filtrar, ser yo en estado puro sin tener que esconder nada o disimular; me divierte provocar a la gente estirada que vive de las apariencias y del que dirán y diciendo de los demás que no tiene sangre en las venas y confunden ser con tener; levito leyendo, escribiendo, imaginando, soñando y dejándome sorprender por las cosas cotidianas pese a poder creer que ya ando de vuelta de todo; me fascina el rojo, cojear del pié izquierdo, llevar la contraria por sistema, ser una descreída (bueno salvo la honrosa excepción de yo creo, si creo, yo creo en...) y las direcciones prohibidas; me prestan los cafés nocturnos pese a la ausencia de cigarros impares, las noches de manta, sofá y tele y los paréntesis y puntos suspensivos; me pone ir por la vida sin peinar, sin hacer caso a las apariencias, ser mal hablada, políticamente incorrecta, impulsiva, ir de frente mal que duela, soplándome lo que piense de mi la gente, pisando fuerte y con la cabeza bien alta; me arrancan una sonrisa las casualidades continuas grandes o pequeñas, que aparecen a la vuelta de cualquier esquina; me reconforta mi música imposible a todo volumen, reirme a carcajadas de cualquier cosa o de mi misma o de las que lío o me lían queriendo o sin querer,  y con mis idas de pinza sacando frases de contexto y utilizándolas en otros que les sienta mucho mejor; me encanta la tranquilidad de la madrugada para dispersarme y hacer lo que realmente me gusta, sin responsabilidades, sin obligaciones, sin ruidos y dentro de poco ya sin esperas, sin morderme las ganas y sin pensar solo dejándome llevar.


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