Tras pasar la noche en vela currando, salgo a reconciliarme
conmigo misma viendo amanecer, descalza, sintiendo el frío de la
realidad y con la música atronando en los auriculares para ponerle algo de anestesia.
Y mientras el cielo se va tiñiendo de
matices de rosa, me doy cuenta de que en esta maldita ciudad no se duerme, ya a
esas horas hay un continuo paso de gente por la calle, luces encendidas en el
enjambre de ventanas que me rodea, cientos de personas, cientos de vidas tan
distintas, cientos de formas de ver la misma realidad, unas pegadas a las otras
y sin saber nada, ni si quiera quienes o como son.
Vuelvo a mi sitio delante del teclado con un café en la
mano, pongo la tele y me encuentro con un concierto de jazz y mi cabeza inevitablemente vuela
de nuevo hacia ese colega que más que colega es hermano, que hace dos meses ha
tenido un accidente y casi ni lo cuenta y tengo que enterarme por terceras
personas, ya que hace 6 meses que no quiere saber nada de mí pese a no entender
aún que ha podido pasar, porque mira que asumo que puesta a ser impertinente, desagradable
y borde me ganan pocos, pero esta vez no ha mediado mi incontrolable carácter
y aún sigo dando vueltas a que ha podido pasar para merecer semejante
indiferencia, y una parte de mi se niega a creer que la situación vaya a ser
permanente y aún imagino que suena el teléfono y es él soltándome alguna de sus
burradas como si nada hubiese pasado. Ya que me jode sobremanera el ir dejando
en el camino un puñadito de personas que ha sido muy importantes para mi, gente
que me haría mucha falta porque visto como me trata mi familia de sangre hay
ratos que llego a plantearme si realmente seré como un perro con pulgas al que
apartar como si fuera a contagiar algo, o que la cultura del desecho se impone
incluso con las personas, y una que es así de rara nunca llegará a entenderlo
porque sigue creyendo en la lealtad y en conservar a la gente que te llena y aporta cosas positivas a pesar de lo puta que se pone la vida a
veces.
Y pese a todo la feria continua y yo sigo deambulando en
busca de mis fuegos artificiales y sigo cargando con mis botes de colores para
pintar mi refugio particular, aunque hay días que está difícil encontrarse en
medio de semejante caos de acontecimientos que van viniendo todos juntitos y
sin ser invitados.

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