Tras recargar pilas en esa especie de retirada del mundanal
ruido, lejos de mis agobios, del estrés y sin saber nada de nada ni de nadie,
tocaba puesta al día con todo el mundo, con la tranquilidad que dá el no tener
horarios, ni demasiadas obligaciones y llegar con la cabeza en su sitio. Y así continuó guardando en la motxila una surtida colección
de historias totalmente dispares que me toca conocer, es lo que tiene tener colegas
repartidos por cualquier lado, de cualquier género, condición, ideología y
forma de entender y enfrentar la vida. Llega un momento que no te extraña verte
cambiando de registro tan bruscamente, intentando empatizar con todo el mundo,
sin juzgar, pero diciendo lo que realmente pienso, mal que joda, creo que es
por eso que acabo siendo la depositaria de tantos pedacitos de vidas ajenas. Y tan pronto
recupero amistades de hace más de 20 años, que se dice pronto, como familiares
que hace siglos no sabía nada de ellos y que me llevan a esa pasado del que
empiezo a recuperar totalmente la memoria, que retomo el hilo con los que siempre han
estado y no por eso no tienen un libro para escribir, como que me veo con gente
que apenas acabo de conocer y poco o nada saben de mi. Todos ellos han vivido
una faceta totalmente diferente de esta vida al borde del abismo que he llevado
siempre, pero de todos atesoro aprendizaje y todos me hacen crecer un poquito más. Y aún con
todo nunca deja de sorprenderme, que pese a ser la jodida reina del borderío y del
pasar de todo, las casualidades, o lo que sea, acaban poniendo en mi camino
gente que según la echo el primer vistazo ya sé que van a formar parte de la lista de conocidos
o colegas con los que andar aunque solo sea un tramo del camino.
Luego están los que me encuentro por 5 minutos, que esta vez
ha sido curioso, desde un holandés loco (palabrita, holandés y loco) con un
barco quemado, que dedicaba sus noches a gritar improperios al aire, nublado
por los vapores del alcohol, con una curiosa historia detrás que solo conseguí
saber ligeramente, sin profundizar, a una antigua jugadora de baloncesto profesional
con la que coincidí en un corto viaje en autobús, a un comerciante de un pintoresco
pueblo mediterráneo que vendía recuerdos de Dalí que acabo queriéndome
convencer de que dejara de fumar contándome como fue su experiencia y no había
forma de poderse marchar, a….. podría mencionar tantas casualidades detrás de
cada historia que se me ha ido cruzando, como la de un familiar que quiere
cambiar mi brújula norteña para que mire al oeste, a algún pueblito perdido del
desierto frontera con Portugal, a la banda sonora en forma de jazz que me
acompaña últimamente, a…. que si, que debería estar ya más que acostumbrada (y
lo estoy) a las casualidades pero hay temporadas que son tantas y tan seguidas
que no deja de encendérseme una lucecita para ver si estoy pasando algo por
alto, pero esta vez no quiero luz de gas, mi norte es mi norte, el que siempre
ha estado ahí esperándome, y como bien
me dice Alguien, “que nada ni nadie te desvíe del objetivo”. Curioso que ese
Alguien al que tanto le atrae los faros, se esté convirtiendo en uno de ellos, marcándome
siempre el camino en la niebla, indicándome para no perderme en el camino de
vuelta a casa y ayudándome a que sea más fácil la travesía que aún queda, y las
historias? Pues eso, cuentos para dormir o no, pero cuentos al fin y al cabo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario