domingo, 14 de julio de 2013

Historias y más historias



Tras recargar pilas en esa especie de retirada del mundanal ruido, lejos de mis agobios, del estrés y sin saber nada de nada ni de nadie, tocaba puesta al día con todo el mundo, con la tranquilidad que dá el no tener horarios, ni demasiadas obligaciones y llegar con la cabeza en su sitio. Y así continuó guardando en la motxila una surtida colección de historias totalmente dispares que me toca conocer, es lo que tiene tener colegas repartidos por cualquier lado, de cualquier género, condición, ideología y forma de entender y enfrentar la vida. Llega un momento que no te extraña verte cambiando de registro tan bruscamente, intentando empatizar con todo el mundo, sin juzgar, pero diciendo lo que realmente pienso, mal que joda, creo que es por eso que acabo siendo la depositaria de tantos pedacitos de vidas ajenas. Y tan pronto recupero amistades de hace más de 20 años, que se dice pronto, como familiares que hace siglos no sabía nada de ellos y que me llevan a esa pasado del que empiezo a recuperar totalmente la memoria, que retomo el hilo con los que siempre han estado y no por eso no tienen un libro para escribir, como que me veo con gente que apenas acabo de conocer y poco o nada saben de mi. Todos ellos han vivido una faceta totalmente diferente de esta vida al borde del abismo que he llevado siempre,  pero de todos atesoro aprendizaje y todos me hacen crecer un poquito más. Y aún con todo nunca deja de sorprenderme, que pese a ser la jodida reina del borderío y del pasar de todo, las casualidades, o lo que sea, acaban poniendo en mi camino gente que según la echo el primer vistazo ya sé que van a formar parte de la lista de conocidos o colegas con los que andar aunque solo sea un tramo del camino.


Luego están los que me encuentro por 5 minutos, que esta vez ha sido curioso, desde un holandés loco (palabrita, holandés y loco) con un barco quemado, que dedicaba sus noches a gritar improperios al aire, nublado por los vapores del alcohol, con una curiosa historia detrás que solo conseguí saber ligeramente, sin profundizar, a una antigua jugadora de baloncesto profesional con la que coincidí en un corto viaje en autobús, a un comerciante de un pintoresco pueblo mediterráneo que vendía recuerdos de Dalí que acabo queriéndome convencer de que dejara de fumar contándome como fue su experiencia y no había forma de poderse marchar, a….. podría mencionar tantas casualidades detrás de cada historia que se me ha ido cruzando, como la de un familiar que quiere cambiar mi brújula norteña para que mire al oeste, a algún pueblito perdido del desierto frontera con Portugal, a la banda sonora en forma de jazz que me acompaña últimamente, a…. que si, que debería estar ya más que acostumbrada (y lo estoy) a las casualidades pero hay temporadas que son tantas y tan seguidas que no deja de encendérseme una lucecita para ver si estoy pasando algo por alto, pero esta vez no quiero luz de gas, mi norte es mi norte, el que siempre ha estado ahí esperándome,  y como bien me dice Alguien, “que nada ni nadie te desvíe del objetivo”. Curioso que ese Alguien al que tanto le atrae los faros, se esté convirtiendo en uno de ellos, marcándome siempre el camino en la niebla, indicándome para no perderme en el camino de vuelta a casa y ayudándome a que sea más fácil la travesía que aún queda, y las historias? Pues eso, cuentos para dormir o no, pero cuentos al fin y al cabo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario