sábado, 20 de julio de 2013

Noche en vela



A veces, tengo la impresión de que alguien a hurtadillas hurga en mi tiempo, y va arañando y quitando minutos de tal forma que para cuando paro y quiero darme cuenta han volado los días sin haber sentido vivirlos, la sensación aumenta con el calor acuciante, nunca me acostumbré a este jodido clima y para lo que me queda ya, mejor no acostumbrarme. Y en las noches de insomnio y vuelta y vuelta por la indecente temperatura, la humedad, el ruido en la calle por intempestiva que sea la hora, intento imaginarme ya en mis bárbaras tierras del norte. Que por mucho que haya aprendido a ser paciente, a saber contar casi hasta diez, no siempre es fácil, más en alguien acostumbrada a quererlo todo para ayer, y así me muerdo las uñas de impaciencia por verme ya fuera de aquí, porque los veranos vuelvan a recuperar su auténtico sentido, con un clima padecible, con su chubasquero de vez en cuando, con el poder respirar, con sus noches con manta, con su olor característico, porque si, en una ciudad grande solo huele a contaminación y mierda, pero en otros lados el verano huele a eso, a verano, con sus cenas con esos amigos que allí tengo más cerca, que si, que aquí también los tengo pero quedar es una aventura en estas fechas y va a ser casi tan fácil verlos allí en esa casa que más que casa parecerá un hostal, pero ilusionada por poder compartirla con esa gente que siempre ha estado, con sus llantos y sus risas, con sus conversaciones surrealistas e imposibles… porque si algo he constatado a estas alturas de la película es que lo que menos importa es el dinero para ser feliz, que después de vivir en tantos sitios, lo que realmente más echas de menos y necesitas es un clima, la lluvia, los olores y sonidos y sobre todo la gente que merece la pena, la que no necesita que aparente ni aparentar nada,  con la que poder reírme con ganas por tonterías o con la que ejercer de hombro donde llorar o viceversa, compartir al fin y al cabo y sentirte a gusto y disfrutar, todo lo demás es accesorio. Y así continúa la noche en vela, mientras pienso que esa casa pequeña con la cafetera muy grande ya está ahí casi a mi alcance para el resto de veranos que me quedan por pasar.


No hay comentarios:

Publicar un comentario