Una de las ventajas de ser polivalente
es que lo mismo disfruto en medio del monte en el mejor estilo de
cabra montesa, que me deleito en medio de un museo. Después de
tantas vueltas y caminos que he llevado y de reinventarme por
completo, he aprendido que donde me lleve la vida es donde mejor
puedo estar y la gente con la que me toca compartir cada experiencia
es la perfecta. Vamos que ahora disfruto de la feria, vaya si la
disfruto, abierta a todas las posibilidades y en el más puro estilo
zen.
Así llegó el día internacional de
los museos y se me presentó la oportunidad de visitar el que se ha
convertido en icono de esta ciudad y además con buena compañía,
incluida una guía exclusiva, cercana y de lo más amena. Y cual fue
mi sorpresa de toparme con el árbol de los deseos de Yoko Ono, que
casualidad ese día era uno de los 5 del año que está activo,
enterarme y sentirme atraída sin poderlo evitar fue todo uno. Para
cuando quise darme cuenta ya tenía mi tarjetita y estaba escribiendo
mi deseo y decorándola. El siguiente paso fue colgarla a buen
recaudo del viento con varias vueltas...
Pero estaba claro que lo que no estaba
a buen recaudo eras tú:
-. Joder Li, aquí si que te reconozco
en tu mejor estilo. Falta saber que pone en la tarjeta...
.- Buen intento, pero ya sabes que si
los deseos se cuentan ya no se cumplen, bla, bla, bla
-. Algunos no se cumplen aún sin
contarlos, así que..
.- ¿Lo dices por experiencia? Porque
yo sigo creyendo, claro que creo...
-. ¿Puedo llamarte ingenua?
.- ¿Puedo mandarte a pastar?
-. Cuidado prima, no saques la
artillería que ahora lo que gastas es ¿como era? ¿El más puro
estilo zen? O algo así....
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