Intentando ganar el pulso a la vorágine en que se convierten
mis días durante algunas temporadas, como por ejemplo esta, donde he pasado de
levitar en mi norte con mi gente, con mis recuerdos, con mis colores y olores,
siendo feliz y dejándome llevar, a volver a sacar las garras y las pinturas de
guerra. Y así veo salpicadas mis horas de cada incompetente y subnormal que
dejan suelto para que me los encuentre y a algunos hasta me los meriende porque
lo van pidiendo a gritos, con el enemigo en casa poniendo a prueba mi capacidad
de no aguante, responsabilidades y más responsabilidades, “susedidos” (que diría
mi abuela) de esos que solo pueden pasarme a mí, que si, que a veces puedo
provocarlos yo sin darme cuenta por ser la jodida reina del despiste, pero
otros se suceden solos sin yo hacer nada de nada, el destajo puro y duro
con horas y más horas y también más horas sin levantar la vista, las
casualidades que siguen acechando a la vuelta de cualquier minuto, una vez
alguien se planteó por medio segundo (espero) si a veces no me las inventaría
yo para hacer las cosas más poéticas, pues mira, a veces me gustaría que fuera
así y que no me dieran los sustos que me dan y me traigan de golpe cosas que ya
no debería ni recordar, y el día se va superponiendo en locura continua de
momentos de todos los colores que ya no sé ni como afrontar, y agotada me
cuelgo del teléfono buscando refugio para escapar del mal agobio que se
acompaña de la angustia y tan pronto estoy tocando el cielo como que al rato
siguiente en el peor de los infiernos, mientras dificilmente procuro conservar una
equilibrada cordura para poder sortear cada instante con lo que pueda traer y
guardar mi traje de locura solo para momentos de gala que se lo merezcan, pero
reconozco que hay madrugadas a las que llego sin resuello, habiendo vivido en un día
lo que otros en tres, deseando que acabe pronto esta carrera de fondo y poder
dedicarme solo a ser yo, y aprender a dejarme cuidar y a vencer el pánico que
me da el atravesar el espejo y poder ser de nuevo la norteña salvaje, soñadora,
medio ida pero feliz y sacar la lengua a esa persona en que me han querido
convertir y que casi me creo ser, solo me ha faltado tomar literal lo de : "en la farmacia puedes preguntar: ¿tienen pastillas para no soñar?". Y mientras tanto como diría el otro, No pasarán!!

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