Arropada en mares que miran al norte, con su cabo y con sus
peñas, que cual estrella polar guían el camino y te dejas arrastrar sabiendo
que no sabes, ni seguramente quieras saber. Intentas disimular el miedo bajo la
manta junto con la mano en que te apoyas y acaricias intentando encontrar refugio.
Mientras esperas impaciente mayo jodiendo con las flores o con los cursos o con
a saber que, mientras el pánico que sigue acechando, de repente se esconde en
un café como reaparece de improviso sin estar invitado, juega al escondite, y
me veo reflejada en esas poesías recuperadas, y me calzo perfectamente en lo
que escribe mi tío de cabecera “Tengo miedo de verte, necesidad de verte, esperanza
de verte, desazones de verte….” Y en medio van pasando los días, y los lugares
en común y las claves de fa y los momentos compartidos en la distancia y la
ausencia que se deja notar, tanto como el miedo a esa ausencia….. y aquí vendría
la frase de alguien que me conoce bien, no pienses tanto, ni le des tantas
vueltas, que al final siempre acabas
haciendo todo lo que piensas que no quieres hacer. Y seguramente tenga razón,
aparcarlo, vivirlo y dejarse llevar, pero a veces es tanto el vértigo como las ganas reprimidas de cerrar los ojos y lanzarse de cabeza…

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