Recuerdo cuando empecé a escribir aquí, tras un contundente
choque en un tranvía de Lisboa que me descolocó y me dejo aturdida, pero hizo
que reaccionara y quisiera salvarme de la apatía. En un principio costaba mucho,
ya que al igual que tantas otras cosas que formaban parte de mí, había aparcado
lo de juntar letras y ya no salía con la misma espontaneidad y mucho menos
conservaba un nivel aceptable, pero una que es cabezona como ella sola, siguió
con ello, intentado recuperar, realmente no sé bien que era lo que intentaba
recuperar, quizás la memoria de tantas cosas enterradas y de la persona que me hizo
creer en mi misma y crecer en casi todos los sentidos, menos en edad. Y era
consciente de que esa persona no iba a leer esto, que eran palabras al viento y
a mi misma, aunque ahora tenga mis serias y contundentes dudas de si lo hace,
con lo cual sería un redomado tramposo y jugaría con cartas marcadas, habiendo él
cerrado en las narices cualquier ventana de fisgoneo, pero o mucho ha cambiado,
o es más que capaz, por si acaso le dejo una reserva de tio jack especial de la
casa para él solito, que yo me he quitado y me he pasado al café.
El caso es que empecé tímidamente, luego cambié el rumbo y decidí
desfogar aquí todo el estrés de lo que me iba sucediendo porque de siempre me
ha servido el escribir para poner en orden mis caóticas ideas o sacar
conclusiones de lo que me va pasando y
así las letras iban saliendo más espontáneamente y atropelladas, pese a que
sigan sin llegar a un nivel medio de exigencia, pero tiempo al tiempo, será
cuestión de conjugar tranquilidad, una cabeza en condiciones y quitar unos
cuantos miles de responsabilidades a mi vida, todo llegará. Ya que si miro atrás
y veo las condiciones en que estaba ese día que empecé y comparo con como estoy
ahora, veo el gran avance que he dado pese a parecer que todo fluya demasiado
despacio y apenas se mueva.
Y si curioso es releer desde el principio y darme cuenta del
cambio exterior e interior, de la metamorfosis continua que voy experimentando,
más curioso es ver como empecé escribiendo al aire para una persona que no iba
a leerlo, seguí con un mirón consentido que tenía las claves de fa para poder
entender muchas de las entrelíneas, y que a lo tonto se ha convertido en mi
mayor fan, no solo de lo que escribo, que ya hay que tener paciencia y aguante,
claro que juego con la poquita objetividad que me tiene, y resulta que ahora me
sorprendo cuando miro las estadísticas (esas grandes mentiras) y descubro que
hay un puñadito de incondicionales, de los sitios más dispares, que me padecen
en silencio, y a la sorpresa que me produce, añadiría la curiosidad por saber
que es lo que les mantiene ahí, como han llegado y por qué, que es lo que pueden ver entre tanta palabra
atropellada para quedarse enganchados y repetir, tantas cosas que me gustaría conocer
para aplacar mi curiosidad innata, porque nunca he sido una anfitriona que se
distinga por sus modales, por su lenguaje, ni por escribir sin mensajes que
solo puedan entender las personas a quién van dirigidos. Pese a ello, hoy dejo
café para todos acompañando a las letras, para hacerlo más ligerito, aunque a
mi alguna de las veces haya que tomarme con dos hielos para rebajar la intensidad
de la incontinecia verbal.

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