Y con que ganas mandaba todo y a todos a tomar por saco y me
quedaba a gusto, salvo honrosas excepciones claro está, pero hay momentos que
esto de controlar mi mala educación, mi bordería y mis ganas de cargar donde más
duele van a acabar conmigo y agotan la poquita paciencia que me tocó en el
reparto. Nunca entenderé el que haya temporadas que se conviertan en mi conjura
de los necios particular y me toque lidiar con todos los ineptos, capullos, soplagaitas
y sinsorgos que se han cruzado y siguen cruzándose en mi vida pese a apartarlos
a algunos a base de empujones, todos a
la vez, y encima se crean que porque me hago la sorda o mire para otro lado me
la están colando o crean que pueden más que yo, pobres ilusos. Y me aburre
nadar contracorriente, y me aburre tener tantas cosas de las que hacerme cargo
y encima malgastar fuerzas aguantando a semejantes personajillos de medio pelo
con ínfulas de a saber que y me aburre hacerme la crédula y callarme por no
darles la importancia que les gustaría que les diese…y doy gracias (gracias? Yo?
Coño, si se darlas y hasta me salen sin ser mera fórmula de cortesía) porque
entre tantas personas que me rodean y no acaban de entenderme, ni yo muchas
veces de entenderlas a ellas por más que quiera empatizar, aparece alguien que
intenta ir haciendo un manual de instrucciones pese a que sea lo más complicado
y jodido a lo que seguramente se haya enfrentado, y poco a poco va entendiendo
mi montaña rusa, mis momentos de ser un caballo desbocado o mis momentos de
risas, mis momentos de furia salvaje o mis ratos apacibles con mares y consigue
lo que nadie, tranquilizarme, dentro de lo que yo soy capaz de estar serena,
claro está, pero que ya es más que suficiente. Y yo que soy (o era, ya ni sé)
la jodida reina de la independencia, del caminar sola, del no necesitar nada ni
a nadie, me sorprendo a ratos, buscando ese refugio, esa tranquilidad y esa
complicidad y más me sorprendo esperando cual adolescente descontrolada, a que
llegue mayo jodiendo con las flores, y pueda por momentos apartar de un
manotazo los nubarrones, las moscas y moscones, las pinturas de guerra y pueda
llegarme a creer que mi vida es una que me merezco más que la que me está
tocando en este mismo instante. Si, seguramente sea un rato de flojera tras el estrés
de semana complicada y del demonio que he llevado y de tener que demostrar cada
momento y con creces de donde soy y aún así…

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