Esos protocolos, fórmulas y formulismos que siguen sacándome
de quicio, que solo los practico cuando es estrictamente necesario por
exigencias de guión, que además se me nota demasiado que son forzados, pero no suelo sacarlos a pasear con
la gente que me importa. Prefiero que alguien se haga el despistado al verme, o
me deje a mi hacerme la despistada, que no venga y se acerque a preguntarme: “¿Qué
tal? Me alegro de verte” Cuando le interesa poco y menos como estoy y menos aún
se alegra de verme, lo mismo que yo a él seguramente. Y quién realmente se
alegra de verme o yo a él, no necesita ese trámite, se nota sin decir nada. Quizá
por eso sigas persistiendo en mi memoria, porque una vez despojado de
formulismos, de poses adquiridas y de esa querencia a seguir el guión que
interpretamos para cubrir exigencias ajenas, y dejamos solo lo espontáneo y la
esencia, descubrí a mi alter ego, a ese
otro yo que quise haber sido y empecé a descubrir y ser, ese otro yo que me
descubrió más de mi misma en tan poco tiempo que lo que yo hubiera tardado en
descubrir años, ese otro yo…
No hay comentarios:
Publicar un comentario