Pese a que absurdo ha sido todo siempre. Vale que cuando apareciste
en mi vida realmente lo estaba necesitando acuciantemente y me hiciste un gran
favor, fue una gran sacudida y gracias a
ella puse fin a la equivocación tan grande en donde me había metido, encauce el
rumbo y me zambullí en mi nueva vida. Hasta
aquí todo bien, lo que fue absurdo es haberte mantenido ahí una vez que corregí
la dirección y lo que quería ser, aunque seguramente te usaba como recordatorio
de mi nueva percepción de las cosas. Así, que al darme cuenta enseguida de que
me había equivocado en alguna decisión, que me había dejado llevar por cantos
de sirenas que poco o nada me aportaban, también agradecí el que estuvieras y
cargaras con mis cuartos, mis horas, mis noches y demás desastres. Luego naturalmente desapareciste sin estruendo
y así has permanecido. Por eso no consigo encajar que ahora que al fin he
vuelto a reorganizar mi vida, esté en casa después de tantos años, viva rodeada de
gente de la que me apetece estar rodeada, aparezcas así de repente y de forma
tan insistente, descarada y machacona. Y no hago más que preguntarme ¿para qué? No tiene
el mínimo de los sentidos ¿o sí?
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