Como me aburre la gente que va por la vida dando consejos y
dictando sentencias que nadie les ha pedido y ni me importan, esos que se creen
con la verdad absoluta aunque claro ves sus vidas y dan miedo, los que “por tu
bien” te dicen como tienes que vivir y comportarte, los que miden todo con la
misma vara sin saber ponerse en el lugar del otro, ufff, si supieran lo que me
la sopla y lo que pienso de su estúpido discurso, si por una vez intentaran
raspar un poquito y no quedarse solo en la superficie, pero son incapaces y me
agotan… a veces pongo buena cara, pienso en otra cosa mientras hago que escucho
hasta que se dan cuenta que no me estoy enterando de nada, pero hay días que me
pillan con el pié cruzado y no puedo evitar el soltar alguna de las mías para
intentar escandalizarles y dejarles mudos el tiempo suficiente para poder
escapar, lo reconozco, hay ratos que me gusta provocar y deshogar en esa gente
todas las incongruencias y tonterías que he leído o escuchado durante el día,
aunque a veces con el arrebato del momento pierda la noción de donde estoy o
quién más pueda estar escuchando, seré simple, pero esos pequeños momentos de
satisfacción me alegran el día.
Así que cuando encuentras a personas que se molestan en
mirar más adentro, que piensan como tú o al menos te entienden y le entiendes,
te hacen reír en vez de aburrirte, te hace soñar en vez de aplastarte con la
realidad y que te apoyan o les apoyas en sus decisiones aunque a veces no las
compartas, que no te aburren con monótonos discursos preconcebidos, que desbordan
imaginación, que siempre consiguen sorprenderte para bien, entiendes que has encontrado el tesoro escondido y como tal tienes
que cuidarlo y celebrarlo.

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