A veces pienso que mi vida lleva un ritmo diferente a la de
los demás, tan pronto se para, como empieza a coger un ritmo que me marearía
hasta a mi si no estuviera ya casi acostumbrada, le añadimos surrealismo de
nota, condimentado con absurdeces varias, lo sazonamos con casualidades y darían
para un mal guión, que si, que lo que nos reímos luego cuando lo cuento no
tiene precio, pero hay días que pueden llegar a ser realmente agotadores e imposibles.
Si, vale, también cuenta que soy excesiva para casi todo
paso en un instante de estar arriba a estar abajo, del llanto a la risa, de
defender apasionadamente lo que creo a ser totalmente escéptica y pasar de
todo. Y eso también ayuda a que mi noria particular se mueva a ritmo diferente
¿Qué le vamos a hacer? en mis genes no venía el del comedimiento.
Así que a veces, me viene a la cabeza una frase que me dijo
alguien inocentemente, que se notaba que en ese momento “vivía una dulce rutina”,
y aquí la “comedida” montó casi una revolución, escandalizada por la expresión. De
aquellas primero las soltaba y luego las pensaba, ahora he cambiado, parece que
quiero como pensarlas, pero no consigo que me dé tiempo, se me escapan y las
suelto igual y luego cuando saco un rato ya las pienso.
Y aún así me debo de estar haciendo mayor, porque ahora me
gustaría probar a saber que se siente por una vez viviendo sin sobresaltos, sin
incongruencias, con tranquilidad y sin absurdeces, bueno algún surrealismo y
las casualidades las podría dejar, pero por lo demás, firmaría por una
temporadita de esa dulce rutina que tanto me horrorizó cuando me la endosaron como
si formara parte de mi forma de vida.

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