Hace siglos, ella acostumbraba a frecuentar bares de buen
recuerdo hasta horas imposibles, jugar y mucho y cuando faltaba el contrincante
habitual, se jugaba los cuartos con el camarero del bar de la esquina apurando
las botellas de tio Jack, envueltos en una densa nube de humo al ritmo de the
bird of paradaise, eran buenos tiempos, siempre descubriendo algo nuevo,
siempre sorprendiéndose. El tiempo se encargó de rehabilitar la ludopatía, desterrar
al contrincante, despedir al camarero y trasmutar al tio jack en bebidas con
grado cero. Ahora sigue jugando, ya es algo cotidiano que necesita, pero ya con más comedimiento, sin frecuentar
bares, ni esquinas ni encontrando un contrincante a la altura. Podría decirse
que vive de recuerdos, pero no, vuelve la vista atrás de vez en cuando, para
buscar alguna cosa perdida, alguna pista para seguir mirando hacía adelante,
hacía lo que tiene y hasta lo que está aún por venir, apreciando a los que ha
tenido, a los que tiene y a los que tendrá, cada uno diferente, cada uno con su
estilo, pero todos con algo que aportar o con que alimentar sus sueños. Y ella
ha aprendido a asumir y a apreciar lo que va viniendo pese a que no le gustan
los tramposos, aquellos que ya no quieren jugar, que le dejan fuera de sus
partidas y cierran la puerta, pero luego se asoman constantemente a las suyas
en la sombra, y ella no entiende si es que ya se han hecho demasiado mayores y
se les ha olvidado como se juega, o si en vez de cerrar la puerta con 7 candados que es
lo que se le supone y es lo entendible porque decidieron crecer, se quedan en medio sin dejar pasar…por
lo que parece a ella ya le da igual, o lo mismo no, pero no va a perder el
tiempo con eso, allá cada cual con su película, y allá cada cual con la forma
de hacerse mayor, o de quererse peinar.

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