sábado, 15 de noviembre de 2014

Persistencias



¿Y qué más da? Esa es mi frase de cabecera desde que me la sopla todo. Desde que he aprendido a apaciguar mi vehemencia (antes llamado encabronamiento contra el mundo) y vivir las circunstancias de una manera de lo más pausada, aunque siga sin peinarme, si, como me dijiste alguna vez, la esencia del bollycao sigue intacta, interiormente sigo igual o incluso mejor, pero lo de fuera cada día me preocupa menos. Así que ¿Qué más da que sigas ocupando impertinentemente parte de mi memoria? Nunca has sido mal compañero, por el contrario, pese a la ilógica de todo esto, sigo aprendido de ti, por lo cual ¿qué más da que te hayas instalado de forma permanente pese al escándalo que eres capaz de montar a veces? Lo mismo me queda aún más que aprender y de ahí tu persistencia a no querer pasar a formar parte de un pasado conciliador. Y de ahí también mi persistencia en seguir asomándome a la única ventana que mantienes abierta, ventana que tiene espectaculares blancos y negros que nunca podré comentar, ventana a la que yo misma me obligo a no mirar y siempre acabo mirando, ventana que…..

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