Quizá alguien impertinente y descarado como él solo que se
presenta de improviso y sin ninguna clase de invitación, teniendo ya aprendido
que nunca la ha necesitado. Y mi cabeza tan caótica ella, que nunca sabe donde
guarda nada y lo tiene todo por ahí disperso, en vez de dejarle archivado en su lugar
correspondiente, cajón segundo a la izquierda, donde los inmejorables
recuerdos, imposibles como nunca jamás y ya cerrados y acumulando el polvo y
las telarañas de los años, ¿para qué? Le deja pasearse a sus anchas, ocupando
cada vez más sitio y armando cada vez más estrépito. Y a mi solo me queda
hacerme la despistada, como que no me doy por aludida, pero claro, la visita es
persistente como ella sola y se hace notar de todas las maneras imaginadas y
por imaginar y más empeño pongo yo en no verla más se empeña ella en hacerse notar.
Mientras yo apelo al poco sentido común que guardo en la reserva especial e
intento que mi cabeza le mande a su sitio o como poco que no le deje hacer
tanto ruido y ocupar tato espacio, imposible, como siempre va por libre, haciendo lo que le da la gana y
dejándome en evidencia cada vez que
tiene ocasión que no son pocas, y a mi solo me queda aceptar la ayuda que me
presta la visita para sobrellevar algunas situaciones e intentar aparentar que todo es de lo más
normal, si es que alguna vez hubiera sido normal nada de todo esto en el
trascurrir de los cuartos, de las horas, de los días, de los meses y de los años, con lo cual dejo a mis pensamientos en Blanco y…..
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