sábado, 30 de noviembre de 2013

Enfrentándome a mis fobias



No sé en que momento consigo una cierta conciliación con mi vida pasada y decido enfrentarme a mis fobias mirándolas de frente, y cojo por un lado la capital de la república donde dije que no volvería y por otro las entrañables estas que quieren hacernos calzar a presión ya casi desde septiembre, o sea, las fiestas de invierno y en un verdadero alarde de osadía, decido ir  a pasearme  por mis recuerdos a últimos de diciembre y así construir otros nuevos, más gratificantes para desterrar a los antiguos y poder reconciliarme con esa ciudad y con esas fechas, joder, si alguien consiguió convencerme y sentir que Lisboa es un barrio de Nunca Jamás, imagino que será más fácil autoconvencerse de que la capital tiene también sus momentos dulces esperando por mí, que si me pongo a pensar, los ha tenido, solo que acabaron sepultados  por los amargos. Y así me veo deseando sentir ese calorcito de familia que hace tantos años me he olvidado de lo que es y añorando reencontrarme con gente que ha formado parte de momentos sublimes de mi vida, como alguien que lo mismo hace 25 años que no tengo delante aunque si presente, o con alguien que conozco hace años y ha sido una persona motivadora para mi pero con la cual nunca he pasado de hablar por teléfono y lo mismo es hora de poder mirarnos a los ojos y poder contagiarme de su entusiasmo, o con esa otra persona que antes tenía más cerca y que no nos importaba calzarnos 100 kms cada uno para pasar la mañana delante de un café hablando de poesía, de política y filosofías de vida varias, o con esa otra que conozco desde hace menos y claro no era el mejor momento y he dejado bastante de lado por ese carácter tan indomable e impredecible que me he gastado estos últimos años donde padecerme ha sido labor de titanes y no todos han sobrevivido a los estragos. Y pese a todo, creo que tengo y he tenido a los mejores para hacer más livianas mis horas grises, solo que lo mismo no he sabido verlo y será hora ya de imponer un poco de cordura, la justa, para no causar más bajas y sobre todo acercar de nuevo a los que aún conservo. Así que en eso ando paladeando el organizar el viaje, saboreando los encuentros por anticipado y siguiendo en estado de boba feliz y ahora además ilusionada, sensación que ya ni me acordaba lo que significaba.

No hay comentarios:

Publicar un comentario