viernes, 6 de diciembre de 2013

Si hay prisa



Parece increíble que una frase tan típica y tópica dicha sin pensar pueda causarme tanto revuelo (si, si, recuerdo “la dulce rutina” también, pero no es lo mismo), la frase de marras es “no hay prisa”, y de no estar haciendo demasiado caso a la conversación me veo totalmente enganchada con la respuesta “joder, estoy harto de la frase de marras, si, si hay prisa, hay que vivir y saber lanzarse al vacío y aprovechar cada oportunidad y cada minuto”…. Realmente estremeció todos mis cimientos, porque evidentemente tenía razón el tipo, toda la razón de mi mundo, ya está bien de esperar, de ir despacio, de ver la vida pasar aprovechando solo la mitad que puede ofrecerme, yo quiero VIVIR y sobre todo “arder la vida” (esa frase si es para enmarcar y mira que últimamente no me la quito de la boca y la cabeza, pero como ya nadie saca filos ni puntas a mis "perlas" pues las suelto más repetidamente), y en ello estoy, feliz aprovechando cada minuto, dejando que me inunde el sol de invierno y el frío en la cara, preparando mi viaje a la capi, con el reencuentro con la gente que me aporta un cariño especial y me llena, planeando la siguiente, que también es de nota, otra parte de mi familia que quiere darme calorcito y por si no estoy convencida ya de verlos después de la pila impresionante de años, me dicen “y acuérdate tu asignatura pendiente está muuuuy cerca”, como negarse??? Si al final acabaré reencontrándome en otro barrio de Nunca Jamás y lo mismo hasta me encuentro un carrete ilford enterrado en el barro!!!…

Lo malo de esto es que en un arrebato de estos míos corte cualquier medio de comunicarme con un tipo con semejante visión, lo mismo era una caja de sorpresas, pero una es tan generosa que se lo traspasó a otra persona y hasta que acaben de darse cuenta que no tienen nada que ver prefiero quitarme del medio y dejar que la vida me sorprenda con nuevos visionarios, con gente que me ponga en el camino que abandoné no sé aún por qué, personas que ardan la vida, como diría Eduardo Galeano, y de paso hagan contagiarme y que la ardamos los que nos acercamos.

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