Torbellino de montes y montañas, montañas y montes me rodean cautivando mi vista y llenando todos
los espacios, espacios cambiantes teñidos de colores de otoño, los observo
mutar estática desde mi pequeña casa con esa gigante cafetera siempre llena
para los colegas y las conversaciones imposibles y… tantos años de rodaje y
vagabundeo por ciudades ajenas donde sentirme extraña y faltarme el aire para
al fin volver al punto de partida, ciudad-hogar-antes-ahora-siempre que me
envuelve y protege ofreciéndome lo mejor de ella en continuo alarde, me siento cual
hija pródiga con una sonrisa estúpida y perenne en mi cara y en mi alma, ¿por
qué? Pues porque sí, sé que pertenezco a este lugar igual que el lugar me
pertenece a mi en perfecta simbiosis. Intento ponerle banda sonora a este
momento “reconciliación con el mundo y conmigo y con mi vida” con Robe susurrándome
al oído a través de los auriculares mientras me pierdo en ese espacio infinito
que abarca mi vista, “Puede que ni me siente bien, ni me sirva de consuelo,
saber que nunca va a volver y que todo ha sido un sueño” … salgo del trance
inmediatamente, quita, quita, cambio rápido de canción, siguiente “Aunque ya no
esté tengo mis razones para ver que hay ocultas conexiones”…a la mierda, lanzo
lejos de mi los auriculares, ya ni intento probar con otra, mejor sin música
pienso, mientras creo escuchar lejana una risa burlona, ¡Que te den! Y tras el
arrebato momentáneo y consiguiente expulsión del invasor de mi espacio, vuelvo
a centrarme en mi torbellino de montes y montañas, montañas y montes hasta un
infinito absurdo ¿o era el absurdo infinito lo que había que romper?
No hay comentarios:
Publicar un comentario