Aquellos que me conocen saben que odio el mes de agosto, lo
odio desde que me fui de mis bárbaras tierras del norte, no me gusta el calor y
mi cuerpo reacciona fatal ante este, me irrita, me altera el sueño, me deja
para el arrastre (literal), o sea, voy arrastrándome para desplazarme 100 metros y ya por no
hablar de que mi única neurona productiva se derrite de tal forma que voy en
piloto automático sin ser capaz de coordinar dos frases coherentes seguidas. Me
convierto en un pseudo vegetal al que solo salva los litros y litros de agua
que consumo en espera de ser por fin transplantada en mi tierra de origen y que el
mes de agosto vuelva recobrar un sentido más positivo.
Hoy tras una noche de magnífica tormenta donde por fin he
podido dormir arrullada por el sonido de la tan deseada lluvia y permitiéndome
un descanso del destajo que llevo últimamente, he decidido leer un poco de ese
caos de libros pendientes, que ya ni siquiera leo de uno en uno, simplemente
pillo el que más a mano tengo en ese momento, y así he retomado “La elegancia
del erizo” de Muriel Barbery, quizá pelín espesito para mi actividad neuronal
en estas fechas, pero me niego a caer en la absurdez que me dijeron hace poco
de que existen libros de invierno y de verano.
Y así me he encontrado con una perla como esta:
…………….¿Cómo transcurre pues la vida? Día tras día, nos
esforzamos valerosamente por representar nuestro papel en esta comedia
fantasma. Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en
mantener y cuidar nuestro territorio de manera que éste nos proteja y halague,
en subir o no bajar en la escalera jerárquica de la tribu y en fornicar de
cuantas maneras podamos…….
Esos días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con
ardor a recuperar su ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de
los destinos biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda
grandeza……………….
Y realmente me ha sacudido, ya que llevo una temporada que
mi vida se resume en eso, en representar mi papel de responsable, currar a
destajo, cuidar y proteger a los míos y que nadie se meta en mi territorio a
organizar más caos del que han ido produciendo ya hasta ahora y bueno, creo firmemente
que yo también necesito que algo me salve de mi destino biológico, que necesito
de nuevo la poesía en mi vida, las casualidades, las pequeñas cosas que me hacen
sonreír y ser una boba feliz. Pese a que cada día no me falta mi ración de
mares (cantábricos, claro está) para que al acabar el día no piense que ha pasado
totalmente en vano.
Soy consciente que ahora lo que toca es bogar duro y casi a
contracorriente para poder llegar a ese destino en donde podré de nuevo
conquistar la poesía, todos esos rincones que me hacen retrotraerme a tiempos
felices, las absurdeces y demás fuegos artificiales que hacen que me aparte por
momentos de se papel que me han impuesto representar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario