jueves, 8 de agosto de 2013

Comedia fantasma



Aquellos que me conocen saben que odio el mes de agosto, lo odio desde que me fui de mis bárbaras tierras del norte, no me gusta el calor y mi cuerpo reacciona fatal ante este, me irrita, me altera el sueño, me deja para el arrastre (literal), o sea, voy arrastrándome para desplazarme 100 metros y ya por no hablar de que mi única neurona productiva se derrite de tal forma que voy en piloto automático sin ser capaz de coordinar dos frases coherentes seguidas. Me convierto en un pseudo vegetal al que solo salva los litros y litros de agua que consumo en espera de ser por fin  transplantada en mi tierra de origen y que el mes de agosto vuelva recobrar un sentido más positivo.

Hoy tras una noche de magnífica tormenta donde por fin he podido dormir arrullada por el sonido de la tan deseada lluvia y permitiéndome un descanso del destajo que llevo últimamente, he decidido leer un poco de ese caos de libros pendientes, que ya ni siquiera leo de uno en uno, simplemente pillo el que más a mano tengo en ese momento, y así he retomado “La elegancia del erizo” de Muriel Barbery, quizá pelín espesito para mi actividad neuronal en estas fechas, pero me niego a caer en la absurdez que me dijeron hace poco de que existen libros de invierno y de verano.

Y así me he encontrado con una perla como esta:


…………….¿Cómo transcurre pues la vida? Día tras día, nos esforzamos valerosamente por representar nuestro papel en esta comedia fantasma. Como primates que somos, lo esencial de nuestra actividad consiste en mantener y cuidar nuestro territorio de manera que éste nos proteja y halague, en subir o no bajar en la escalera jerárquica de la tribu y en fornicar de cuantas maneras podamos…….

Esos días uno necesita desesperadamente el Arte. Aspira con ardor a recuperar su ilusión espiritual, desea con pasión que algo lo salve de los destinos biológicos para que no se excluya de este mundo toda poesía y toda grandeza……………….

Y realmente me ha sacudido, ya que llevo una temporada que mi vida se resume en eso, en representar mi papel de responsable, currar a destajo, cuidar y proteger a los míos y que nadie se meta en mi territorio a organizar más caos del que han ido produciendo ya hasta ahora y bueno, creo firmemente que yo también necesito que algo me salve de mi destino biológico, que necesito de nuevo la poesía en mi vida, las casualidades, las pequeñas cosas que me hacen sonreír y ser una boba feliz. Pese a que cada día no me falta mi ración de mares (cantábricos, claro está) para que al acabar el día no piense que ha pasado totalmente en vano.

Soy consciente que ahora lo que toca es bogar duro y casi a contracorriente para poder llegar a ese destino en donde podré de nuevo conquistar la poesía, todos esos rincones que me hacen retrotraerme a tiempos felices, las absurdeces y demás fuegos artificiales que hacen que me aparte por momentos de se papel que me han impuesto representar.  



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