He sido y seré una lectora compulsiva, no puedo decir soy
porque el destajo y las ganas de salir de aquí cuanto antes no me deja tiempo
ni para sonarme los mocos, en el caso de que tuviese tiempo de tenerlos. Aún así procuro burlar al tiempo y arañarle algunos
minutos para leer a hurtadillas y ya entro en éxtasis y levito cuando el
destino, o quién demonios sea, pone
delante de mí algún descubrimiento que me impacta, aún es posible encontrar
flores entre la basura.
Antiguamente, odio esta palabra refiriéndose a mi pasado, para
alguien que es atemporal hay ciertos términos que no son compatibles, pero bueno…
pues eso, que en algún momento alguien cultivaba mi ansía de aprender, de
conocer, descubriéndome y sorprendiéndome con lecturas y músicas de lo más variopintas e interesantes que han
pasado a formar parte de la amalgama de imprescindibles que consiguen alegrarme
un mal día. Ahora, como ya he dicho, he tenido que aparcar un rato la dispersión
para dar prioridad a la obligación, así que encontrarme de golpe en el sitio más
insospechado un poema de Oliverio Girondo, al que no conocía, pero me temo que
va a pasar a formar parte de mi extensa familia de adoptados, ha conseguido
alegrarme la mañana, una mañana que ha amanecido nostálgica ya que hoy es el día
grande de mi pueblo y me prometí a mi misma hoy estar allí y como siempre otra
cita que voy a tener que incumplir, pese a que no por ello voy a dejar de estar
de pensamiento con todos sus rituales, busco el directo por internet, el pañuelo al cuello y la garganta afinada
para unirme al coro multitudinario de voces que se desgañitan celebrando
el momento. Si, sé que no me gustan las citas precisas pero hay algunas que
deberían ser de obligado cumplimiento.
Y procedamos con un fragmento de Oliverio Girondo, el que me
he topado de narices hace un rato y me ha hecho conocerle y adoptarle, sirva
como homenaje además ya que hoy sería su 122 cumpleaños:
.........No sé, me importa un pito que las mujeres tengan los senos
como magnolias o como pasas de higo; un cutis de
durazno o de papel de lija. Le doy una importancia igual a cero, al hecho de
que amanezcan con un aliento afrodisíaco o con un aliento insecticida. Soy
perfectamente capaz de soportarles una nariz que sacaría el primer premio en
una exposición de zanahorias; ¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les
perdono, bajo ningún pretexto, que no sepan volar. Si no saben volar ¡pierden
el tiempo las que pretendan seducirme!............

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