Guardo celosamente en una cajita de madera tallada envuelta
entre telarañas, mis “fui”, mis “tenía”, mis “todo lo que pudo haber sido”
junto con mis miedos, mis fobias y algunos sueños, mercaderías que forman mi extensa
colección de sin razones y surrealismos.
De vez en cuando la tapa se desplaza y al contacto con la
luz, la amalgama de parcelitas que conforman o hubieran conformado parte de mi
vida se transforman en un caleidoscopio que adopta diferentes formas que van
cambiando lentamente pudiendo entrever momentos de feliz recuerdo que poco a
poco se abren paso hilvanándose en mi desmemoria pero el caleidoscopio sigue
girando hacia la izquierda y la forma va cambiando hacia el lado del dolor, de
la decepción, del no me merezco esto y ahí me veo inmersa en un tenía una hija,
tenía una hermana, tuve una familia, he tenido colegas casi hermanos, lo mismo
todo ha sido una ilusión óptica y nunca tuve nada, simplemente creí tener.
Y según el caleidoscopio sigue girando hacia la izquierda
todo se transforma en me queda, tengo, conservo y unos cuantos soy para disfrazarme según la ocasión, la verdad que el balance no
es el que me gustaría pero no está nada mal, tengo un hijo, tengo una
despareja, tengo amigos de verdad, tengo ganas de seguir apretando los dientes
y luchar por conquistar mis sueños por más que el temporal sople en contra y aún
me río a carcajadas y no me peino.
Ahora todo cambia y se transforma en el podré tener, podré
conseguir, podré ser, aquí la luz se va haciendo más tenue y la figura es un
tanto borrosa pero aún así creo discernir una casita pequeña con una cafetera
muy grande, un mar de verdad y podría parecer que el fin de una etapa a
olvidar.
Ya está todo oscuro, cierro con cuidado la tapa y vuelvo a
dejar tranquila a la araña que la custodia para que pueda hacer su trabajo y
haga más tupida la tela para que puedan seguir cayendo atrapados momentos,
logros, batallas, todo aquello que hace que me haya tocado una vida tan intensa
para bien o para mal .

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