Y por fin llegó marzo, mes en el que voy a cambiar de año ya
que pospuse el paso de año oficial porque no me venia bien esa fecha, y elegí
otra para mí que me gustaba más, ya se sabe que al igual que nacemos donde nos
dá la gana, ahora he decretado que también empezamos el año cuando se nos pone.
Y este comienzo de mi año, acabado en 13 que siempre ha sido mi número de la
suerte (si, de nuevo mi bonita costumbre de llevar la contraria) me va a llevar
por fin a mi pueblo, a reencontrarme con todo lo que dejé allí hace ya tantos
años, a saborear y paladear cada rincón, cada esquina, cada sensación olvidada como
punto de inicio de recuperar mi desmemoria y tomar la riendas de mi vida de una
jodida vez que ya estaba bien de dejarme llevar por lo que iba viniendo y estar
atada a demasiadas cargas que no me correspondían y me mantenían en un infernal
día de la marmota.
Y es curioso que ahora que casi toco mi pueblo con la mano
continuamente me cruce con gente que me trae recuerdos de allí de pasados y
presentes relacionados con cosas que van reviviendo y me vea casi de continuo
en conversaciones que recuperan mi memoria con infinidad de detalles perdidos y
con más ganas aún si cabe de poner fin a la espera. Y ahora que la vuelta ya
tiene fecha inmediata, que ya veo que puedo hacer planes a medio plazo que si que
se cumplen, se presenta de nuevo la casualidad que marca continuamente el
siguiente destino, como si de golpe quisiera vivir el acumulado de tiempo que
me ha faltado. Al principio parecía que lo siguiente era cumplir con la
asignatura pendiente entre la niebla pero está claro que de momento tiene que
esperar, que lo inmediato es ir a rodearse de verde, mares, acantilado, gaélico,
celta y aunar al sobrenombre que me ha acompañado tantos años con su sitio de
procedencia. Recuerdo que alguien una vez me dijo que si tenía que ubicarme en
una ciudad me localizaría en Lisboa y pese al miedo que me daba allí que me fui,
y si casi me lo creí yo también por esa sensación de sentirme tan cómoda como
si hubiera estado allí siempre, pero está claro que lo mío son los mares
salvajes, las montañas y los idiomas minoritarios e imposibles, parece ser que
la norteña neblinosa tenía su destino y claro está que tenía que ser una isla y
al norte.
Para acabar con las curiosidades, el vendedor de sueños, que
cada vez que irrumpe en mi vida y gana sitio, acabo en todos los sitios pendientes
de la manera más sencilla, con él acabé en Lisboa e incluso en el bar de la esquina por partida doble, el reconvertido y el actual, ahora en mi pueblo, después
de 5 años que parecía imposible llega y ya lo tengo concedido, me trae mi mar
casi todos los días y junto con él mi memoria, con él conoceré la islas de Aran
y quién me acercará a mi asignatura pendiente pese a ser el único que sabe lo
que significa y por que tengo que ir, vamos que ni se inmuta cuando entro en
fase de desarreglo mental, al contrario según abro la boca da forma a todos mis desarreglos e idas
de olla y los convierte en posibilidades como si fueran lo más normal del mundo
y encima me dá más alas, sobrevalorándome en casi cada cosa que hago y seguramente
sin saber hasta que punto me emociona y me hace feliz, más después de tanto
tiempo de apatía y de no ser y de no sentir.

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