En días cualesquiera como hoy acostumbraba a hacer regalos,
el tiempo te hace desapegarte de muchas
cosas, pero con mi vuelta a casa he descubierto que a veces ser seguidora de ciertas
tradiciones y costumbres, por caducas que éstas sean, es algo necesario para recuperar
ciertas sensaciones y estados de ánimo que van quedando relegados, a la vez que
te das cuenta que, una vez quitada la trascendencia y los condicionantes, lo
que queda guardado libre de cargas, es lo valioso. Así que intentando elegir
esta vez un regalo adecuado, teniendo en cuenta la perspectiva del tiempo, y
una vez con los posos del café bien pegados en el fondo sin revuelos ni
revoluciones, me he acabado por dar cuenta de que el regalo siempre fuiste tú,
sí, sí, entiendo que estos chutes de autoestima a tu ego no le sientan nada
bien, más a ciertas edades, pero es una
realidad constatada, tu me devolviste mi identidad, la real, no aquello que había/n
hecho de mí o en lo que me había ido convirtiendo así sin darme cuenta, tanto “tienes
que…”, “debo de…”, “hay que….”, “mujeres de provecho…”, “buenos ejemplos…”,
bahhhh, tonterías que casi consiguen aplastar
lo que realmente era, tan diferente de aquello que parecía ser. Claro
está que no te voy a dar todo el mérito, tú rascaste un poco en la superficie
para darme cuenta de lo que había debajo, pero desenterrar el tesoro del todo,
que no ha sido fácil en muchas ocasiones, ha sido por entero labor mía y solo mía,
todo un premio que ahora disfruto como lo que es. Y como supuestamente esto tenía
que ser un regalo para ti aunque parece ser que la mejor parte siempre me la he
llevado yo, voy a dejar caer un “gracias por todo sin que valga un que te den
por respuesta”, así como quién no quiere la cosa, y un poema de Allan Poe para compensar
y no parecer tan acaparadora en un día que ya no me pertenece. Por cierto primo, que
detalle la luna salir llena hoy, como un regalo más, para que la veas desde tu
ventana real que no soñada…
Un sueño dentro de un sueño
¡Recibe en la frente este beso!
Y, por librarme de un peso
Antes de partir, confies
Que acertaste si creías
Que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
Que la esperanza se acabe
De noche o a pleno sol,
Con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
Es sólo un sueño en un sueño.
Y, por librarme de un peso
Antes de partir, confies
Que acertaste si creías
Que han sido un sueño mis días;
¿Pero es acaso menos grave
Que la esperanza se acabe
De noche o a pleno sol,
Con o sin una visión?
Hasta nuestro último empeño
Es sólo un sueño en un sueño.
Me encuentro en la costa fría
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arena, oro en granos.
¡Qué pocos son! Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré -¡oh Dios!- su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o de pequeño?
¿Es sólo un sueño dentro de un sueño?
Que agita la mar bravía,
Oprimiendo entre mis manos,
Como arena, oro en granos.
¡Qué pocos son! Y allí mismo,
De mis dedos al abismo
Se desliza mi tesoro
Mientras lloro, ¡mientras lloro!
¿Evitaré -¡oh Dios!- su suerte
Oprimiéndolos más fuerte?
¿Del vacío despiadado
Ni uno solo habré salvado?
¿Cuánto hay de grande o de pequeño?
¿Es sólo un sueño dentro de un sueño?
No hay comentarios:
Publicar un comentario