domingo, 22 de marzo de 2015

Mañana de domingo



...Así que pese a que mi vida transcurre ahora por sendas soleadas, es un decir, ya sabemos que yo soy mujer de brumas y lluvias, de vez en cuando me es inevitable que tu recuerdo irrumpa insolentemente, y quizá hasta eche de menos esa parte de ti que tan bien llegué a conocer, pero solo quizá, y pese a tener ahora un buen puñado de gente a quien querer y en donde reflejarme,  algunas madrugadas añoro a esa “Li” que tu descubriste en mí. Igual que alguna rara vez, tras alguna casualidad impactante, de forma automática me veo yendo a un correo exclusivo que sólo contiene telarañas y al comprobar que en él ya no hay a quién contarle nada, ni viajes por oestes desérticos, ni obligadas visitas a castillos de sal, ni tantas cosas, cambio a ese otro correo más concurrido y de uso diario donde voy dejando caer retazos de mis cuartos y mis horas a diversas personas que padecen mis paranoias sin llegar a entender seguramente muchas partes de ellas ya que les faltarían algunas pistas. Y aún así, tantas cosas que me gustaría contarte, ya sé, nada sorprendente conociendo mi intenso palique, y sobre todo, tantas cosas que quisiera saber de ti, de tus mañanas de domingo, pese a saber que no hay de que preocuparse, de que siempre te queda tu modo bobo feliz, tu montón de tesoros y una inteligencia mayor que la mía para haber sabido alejarte y poder olvidar que en un pasado ya muy remoto tuviste una prima que te dejaba sin dormir aunque no sin soñar. En cambio mi realidad juega a veces con trampas y el viento me trae reflejos de irrealidades y soplos de casualidades, ya se aburrirá…

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