Haciendo mía la frase de Borges, me jacto de las vidas que
he vivido… y es que cada día me reafirmo más en que mi tiempo no lleva el ritmo
que él de los demás, que he tenido que ser muchas “yo” para llegar donde estoy
ahora, siempre empezando, ahora vivo aquí ahora vivo allí, ahora con pareja
ahora sin ella, ahora con familia ahora sin ella, ahora feliz ahora infeliz, y
todo eso en un corto espacio de tiempo, claro, no siempre da tiempo a asimilar
tanto cambio, ni asumir la cantidad de gente que entra y sale de mi vida como si hubiera una puerta giratoria a la entrada de la misma.
Así que tras una temporadita (unos pocos días) en plan
asceta, intentando entender algo de lo que me va pasando, que no sé ya ni para
que lo intento porque mis experiencias escapan a cualquier lógica, no sirven
para ser racionalizadas, simplemente son para ser vividas y recordadas, la
parte que merece la pena, claro está, para el resto ya está mi desmemoria cada
día más recurrente. Como decía, tras unos días muy cortos y unas noches muy
largas, llega el fin de semana, donde por fin puedo parar un poco a coger aire
y es cuando viene el momentito de bajada, momentito que no puedo permitirme, así
que la noria se pone en marcha ella sola y de repente mi vida vuelve a girar y
vuelve a entrar la luz. Esta vez de la mano de una colega, de esas que nunca me
faltan, que se presenta en mi casa con unas cervezas, y un querer arreglar el
mundo con charlas de todo tipo desde la situación actual, independencias o no,
parejas o no, y temas diversos hasta notar los efluvios del poco alcohol, para lo
que he quedado un par de cervezas, más bien una y media y casi acabo para el
arrastre, pero feliz…
Y para completar el fin de semana me voy a pasear con otra
colega mientras filosofamos sobre la vida y las diferentes maneras de ver y
sentir las mismas cosas las personas y empiezo a sentir como mis alas empiezan
a desuntemecerse, y ya con algo tan simple como tomar algo (esta vez un café,
por si las dudas) sentadas en una terraza, sin prisas, sin agobios y
recuperando semanas de abismo, acabo de reconciliarme con mi vida, sin
importarme que me diera medianoche allí en la calle y sin haber currado en toda
la tarde.
Total, que hoy me he levantado pensando por medio segundo
que lo mismo podría adaptarme a vivir aquí, más cuando veo al que he parido que
empieza a organizar su vida aquí, a pesar de que como yo está soñando con
volver a casa, a un lugar más incivilizado y más agreste, y por medio segundo
el también duda, hasta que la casualidad nos coloca una canción que hace que
los dos digamos al unísono, nahhhhhhhhhhhhh
Acabo la tarde con Osho que comparte mesita de espera junto
con Oscar Wilde, y por fin opto por leer un poco antes de anteponer las jodidas
responsabilidades y el curro a destajo, y me encuentro con esta perla para
acabar de reconciliarme con mi vida:
…Entonces uno sabe lo
que es quemar la antorcha por ambos extremos a la vez. Un simple momento de esa
intensidad es más gratificante que toda una eternidad de vida mediocre…….
Y si algo puedo decir es que he tenido varios momentos de
gran intensidad para bien y para mal, y que aún me quedan muchos por vivir, así
que ahora lo que toca es esperar para ver con que me sorprende la nueva semana….

No hay comentarios:
Publicar un comentario